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Cronopolítica del paraíso: entre precariedad y esperanza

Cronopolítica del paraíso: entre precariedad y esperanza

Voces Universitarias | Dra. Carmen Lilia Cervantes Bello*

 En Cancún, el tiempo no corre igual para todos. Mientras algunos llegan a pasar unos días sin prisa frente al mar, otros viven pendientes del turno que empieza de madrugada, del camión que tarda horas en cruzar la ciudad o de ese trámite que nunca se resuelve. En este paraíso, el tiempo es un recurso profundamente desigual. Controlar el tiempo de las personas es una forma de violencia y dominación silenciosa que deja una lección clara: el tiempo de unos vale menos que el de otros.

Sin embargo, la espera no aparece por casualidad. Es resultado de un conjunto de normas jurídicas, prácticas administrativas y reglas culturales que produce jerarquías económicas y sociales y estructura la vida en la ciudad. De este mecanismo surge una población en suspenso definida por su vulnerabilidad: personas cuya vida transcurre entre contratos inestables, permisos temporales y requisitos cambiantes, obligadas a demostrar una y otra vez que merecen permanecer, trabajar o acceder a derechos básicos.

Cancún lo muestra con crudeza. Mientras que los turistas consumen tiempo al comprar descanso, diversión y olvido, los trabajadores que sostienen hoteles, restaurantes, transportes y servicios, lo producen. Otros simplemente esperan un salario digno, una vivienda estable o una oportunidad que siempre parece estar por llegar. Todo ocurre bajo el mismo sol, pero con relojes distintos.

Aquí la pregunta clave es quién controla ese tiempo. ¿Acaso esta precariedad temporal es una consecuencia inevitable del modelo turístico o el resultado de decisiones gubernamentales que se diluyen en discursos de progreso? En realidad, no se trata de una decisión aislada ni de un solo actor identificable, sino de un entramado donde el poder público y la lógica capitalista han institucionalizado la incertidumbre como forma de vida.

Los efectos de esta precariedad temporal se sienten en el cuerpo y en el día a día. La incertidumbre constante acelera el ritmo de la existencia, produce ansiedad y deja una sensación persistente de agotamiento. No hay margen para el descanso, el cuidado o el disfrute, ni para pensar más allá del día siguiente. La vida se organiza en función de sostener el presente inmediato, y esa falta de control sobre el propio tiempo termina desgastando no solo a las personas, sino también sus vínculos y la posibilidad de imaginar otra ciudad.

Aun así, esperar no siempre significa rendirse. A veces es sostener redes, inventar ritmos propios, habitar otros tiempos en medio del caos. Pero este halo de esperanza no es ingenuo ni optimista: nace de una conciencia incómoda, la de reconocer que el tiempo ha sido capturado y que esa captura no es natural. Implica entender la espera como una forma de cronopolítica, así como cuestionar un modelo que obliga a vivir siempre al límite del presente. Tal vez ahí, al empezar a pensar el tiempo de otra manera, en esos gestos mínimos y persistentes, se abra otra forma de habitar la ciudad.

*Profesora-Investigadora, Depto. Economía y Negocios, Universidad del Caribe.

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Un diálogo entre el corazón maya y el bordado de X-Pichil, Quintana Roo

Un diálogo entre el corazón maya y el bordado de X-Pichil, Quintana Roo

 



Un diálogo entre el corazón maya y el bordado de X-Pichil, Quintana Roo / 
María del Pilar Jiménez Márquez


En un patio de tierra bajo la sombra de árboles tropicales en X-Pichil, donde el sonido de la fauna se mezcla con el susurro de los hilos. Bordadoras y bordadores mayas, con sus manos de artistas “diseñan lo que hacen”, calculan la cantidad de hilos y colores que usarán para sus creaciones, “dialogan con su propio corazón para dar sentido a la obra” (León Portilla, 1980: 307), porque a partir de su trabajo expresan sus emociones más profundas, reflejando con ello pedazos de su tierra y su historia.

Para las bordadoras y bordadores mayas, el territorio no es solo un mapa o suelo, sino un «lugar donde pasan las cosas» (Coraggio, 2011:281). El bordado es la forma en que escriben la cultura en el espacio físico. Bordar es un acto creativo y un saber ancestral transmitido por generaciones, basa su existencia en los valores culturales transmitidos de manera transgeneracional. Es una de las innumerables formas de mostrar al mundo el “México Profundo” (Bonfil, 2019) que construye caminos de identidad.

Es también una actividad económica que persiste y se adapta para permitir y convertirse en un ingreso para las familias mayas que se desempeñan en la producción de bordados. Dependiendo de la prenda que se borde, puede demorar hasta seis meses su hechura. El trabajo dejado en cada prenda es único e irrepetible y debe ser valorado por su composición y diseño, pero también por el valor cultural que en sí mismo significa. La venta de los bordados enfrenta varios retos, el regateo y la competencia de productos en serie. La calidad del producto radica, en la resistencia del bordado a mano (Chúuy k´ab en maya), no se deshilará. La creativa forma de subsistir en la dinámica del mercado ha dado lugar a que las personas dedicadas a los bordados artesanales flexibilicen su trabajo e incluyan sus creaciones en distintas prendas, sin dejar de imprimir sus huellas en la tela, siempre empleando sus técnicas como la de Xook bil chúuy (en maya, hilo contado).

Durante la pandemia, la actividad productiva se detuvo y en algunos casos las personas bordadoras mayas mediante redes sociales lograron promocionar sus productos, logrando ventas, incluso fuera del país, lamentablemente no son la mayoría.

Por ello es fundamental que, con visión social, mediante las políticas públicas se encaminen esfuerzos para fortalecer a las bordadoras y los bordadores mayas en su labor del día a día, mediante la capacitación y profesionalización en diseño y patronaje, capacitación en uso de herramientas tecnológicas, habilitación de sus talleres con servicios de conectividad, así como con equipo para coser. La forma de organización en colectivos que actualmente tienen las bordadoras y bordadores brinda la posibilidad de conformar centros de diseño y patronaje con impactos locales importantes, que incidan además en el acceso a servicios sociales de salud, laborales y justicia; combatiendo con ello las décadas de inexistencia de políticas públicas de este tipo.

El bordado maya no es solo una artesanía, es un «lenguaje» y un patrimonio vivo que, al ser revalorizado, combate la desigualdad histórica y posiciona a las bordadoras y bordadores mayas como emprendedoras y emprendedores y guardianes de la cultura.

Este artículo se deriva de los resultados parciales de la investigación: Los sistemas productivos y de comercialización artesanales locales y su interacción con las artesanías foráneas en el estado de Quintana Roo.

Profesora-Investigadora, del departamento de Desarrollo Humano, en la Universidad del Caribe.




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El cuidado que Cancún no ve: una deuda urgente con la gente que cuida

El cuidado que Cancún no ve: una deuda urgente con la gente que cuida

 


El cuidado que Cancún no ve: una deuda urgente con la gente que cuida /
 Por Pilivet Aguiar Alayola


Cancún es una ciudad construida alrededor de una promesa: el cuidado impecable. Ése es
nuestro producto estrella: hoteles de lujo, servicios personalizados, atención meticulosa a
cada detalle del visitante, etc. Pero, dando un paso fuera de la zona hotelera, nos topamos
con las realidades de las colonias donde vive quien hace posible esa maravilla diaria: la
mesera, la camarista, el guía, la recepcionista, el jardinero, etc.

Allí, la promesa de cuidado se desvanece. La paradoja es dolorosa: somos expertos en
cuidar al foráneo, pero hemos descuidado a los nuestros. La crisis silenciosa del cuidado
está fracturando hogares, frenando carreras y limitando el futuro de la ciudad. ¿De qué
crisis hablamos? De la madre autónoma que elige entre llegar tarde a su trabajo (y
arriesgar su empleo) o dejar a su hijo pequeño en un lugar inseguro. Del hijo que, tras su
jornada en un restaurante, debe atender a su padre adulto mayor con discapacidad, sin
recursos ni conocimientos adecuados. De la familia que destina la mitad de su sueldo en
una guardería privada. Esta es la normalidad para miles de cancunenses, principalmente
mujeres.

El problema tiene raíces profundas: somos una ciudad joven, con muchos niños y niñas.
Somos una ciudad de migrantes, donde las redes familiares de apoyo son frágiles. Y somos
una ciudad de horarios exhaustivos, donde el turno de la tarde o el trabajo en domingo
destrozan cualquier arreglo familiar.

La carga abrumadoramente cae sobre las mujeres. Son ellas quienes reducen sus horas de
trabajo, quienes abandonan sus estudios, quienes cargan con el estrés constante de
resolver los cuidados de una casa. Es una cuestión de justicia, pero también de economía:
el talento y la energía de la mitad de la población están siendo agotados.

La buena noticia: La solución ya existe. Se llama “Sistema de Cuidados”. No es un sueño
abstracto sino propuestas concretas que incluyen centros de cuidado infantil municipales
en colonias clave, con horarios extendidos que coincidan con los turnos hoteleros;
comedores comunitarios, apoyo a cuidadores de adultos mayores, con capacitación y
respiro; un directorio certificado de cuidadoras, que salga de la informalidad, propuestas
de "banco de tiempo" comunitario, donde vecinos intercambian horas de cuidado, etc.

Es un sistema inteligente, que se paga a sí mismo en bienestar y productividad. Liberaría a
las mujeres para trabajar y estudiar. Daría paz mental a las familias. Crearía empleos
formales y dignos en el sector del cuidado. Mejoraría la vida de nuestras infancias y
juventudes. En resumen, haría de Cancún una ciudad más humana, justa y en realidad,
más próspera.

Así que esto es un llamado a la acción: es una responsabilidad de todos y todas solicitar un
sistema de cuidados municipal. Cancún merece ser un hogar para quienes lo habitan, no
solo un destino para quienes lo visitan. Construyamos el cuidado que nos debemos. Por el
bienestar de todos y todas.

Profesora-Investigadora, Depto. Desarrollo Humano, Universidad del Caribe.




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Uniformes hoteleros: Más allá de la Estética

Uniformes hoteleros: Más allá de la Estética



Uniformes hoteleros: Más allá de la Estética / Dr. Ricardo Sonda de la Rosa

El primer contacto entre el huésped y el hotel no ocurre en el proceso de registro en la
recepción, sino en la percepción visual de los colaboradores del hotel ya que el diseño de
los uniformes del departamento de seguridad, bellboys, concierges, cocina, animación y
más, actúa como un vehículo de comunicación estratégica y construcción de marca.

La hotelería contemporánea ha evolucionado de ser una industria de servicios a una
industria de creación de experiencias. En este ecosistema, el uniforme deja de ser una
simple prenda de protección para convertirse en una herramienta de distinción y orgullo.
Según los estándares de gestión de marca de 2026, la vestimenta del personal es el
"punto de contacto" más crítico ya que por medio de éste se comunica instantáneamente los valores, la categoría y la promesa de servicio del hotel, sin necesidad de mediar palabra.

Desde una perspectiva psicológica, el uniforme profesional genera un efecto de confianza
y autoridad. Un diseño coherente proyecta orden y profesionalismo, reduciendo la
ansiedad del viajero al identificar rápidamente a quién acudir. Por ejemplo, en hoteles de
gran lujo, la elegancia de los cortes clásicos refuerza la exclusividad, mientras que en
hoteles boutique o "lifestyle", los uniformes más informales y modernos buscan eliminar
las barreras jerárquicas para fomentar una conexión más orgánica con el huésped.

La diferenciación interna es otro pilar fundamental. El diseño debe permitir una
segmentación clara de departamentos (recepción, concierge, alimentos y bebidas) sin
romper la unidad estética global. Esta "armonía visual" permite que el hotel se perciba
como una maquinaria perfectamente aceitada. Debemos de entender que, el uniforme es
el embajador silencioso de la marca. Una estrategia de identidad corporativa exitosa debe
priorizar el diseño de vestuario como un activo estratégico que refuerza la cultura
organizacional y garantiza una primera impresión impecable que perdura durante toda la
estancia.

Asimismo, quiero compartir con el lector la evolución técnica y social de los uniformes
hoteleros ya que los uniformes hoy en día se centran en la ergonomía, el uso de textiles
inteligentes y el compromiso con la sostenibilidad en la hotelería moderna.

Si el primer artículo abordaba la imagen, En este sentido, el uniforme tiene su enfoque en
la operatividad y el bienestar del colaborador. En 2026, la industria hotelera reconoce que
un trabajador cómodo es un trabajador productivo. La ingeniería textil ha revolucionado el
sector con el desarrollo de tejidos técnicos: fibras con memoria de forma que no requieren
planchado, materiales antimicrobianos para el personal de ama de llaves y textiles
termorreguladores que mejoran el rendimiento en áreas críticas como la cocina.

La ergonomía ya no es opcional. El diseño actual se basa en estudios cinéticos para
asegurar que el uniforme facilite el movimiento y prevenga lesiones laborales,
especialmente en departamentos de alta exigencia física. Sin embargo, la innovación no
es solo funcional, sino ética. Siguiendo las directrices globales de sostenibilidad, las
cadenas hoteleras líderes han implementado programas de "economía circular", utilizando
fibras obtenidas de plásticos recuperados del océano y procesos de teñido que ahorran
hasta un 90% de agua.

Finalmente, el uniforme del futuro inmediato es un símbolo de inclusión. Las políticas de
vestuario están migrando hacia modelos neutrales en cuanto al género y respetuosos con
la diversidad cultural del staff, permitiendo adaptaciones por motivos religiosos o de
identidad personal.

Esta transición refleja una hotelería más humana y consciente. En definitiva, la evolución
del uniforme hotelero demuestra que la eficiencia operativa y el compromiso social
pueden, y deben, ir de la mano para elevar los estándares de la industria hacia una nueva
era de excelencia responsable.

Así es que la próxima vez que te digan, ¿te gustaría trabajar en un hotel donde te den
uniforme?, piénsalo dos veces, antes de priorizar tu deseo de libertad de imagen.


Profesor-Investigador, Departamento de Turismo Sustentable, Gastronomía y
Hotelería, Universidad del Caribe, rsonda@ucaribe.edu.mx

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¿Es Cancún una ciudad cuidadora para las y los jóvenes universitarios?

¿Es Cancún una ciudad cuidadora para las y los jóvenes universitarios?

Voces Universitarias | Christine McCoy*

 En los últimos años, el concepto de ciudad cuidadora ha ganado fuerza en el urbanismo, las políticas públicas y el debate social. A diferencia de los modelos de ciudad centrados en la productividad, el consumo o la lógica del mercado, la ciudad cuidadora propone algo básico: poner la sostenibilidad de la vida en el centro. Es decir, pensar la ciudad desde lo cotidiano: cómo nos movemos, cómo habitamos los espacios, qué tan seguros son, qué tan accesibles resultan y qué tan posible es vivir con bienestar.

Esta mirada tiene raíces en la ética feminista y en los estudios sobre la reproducción social.

Diversas autoras han subrayado que el cuidado no es un asunto “privado” ni marginal, sino una dimensión esencial para sostener la vida social y económica. Desde ahí, el enfoque se ha trasladado al territorio y a la vida urbana: ¿qué tipo de ciudad facilita el cuidado —de una misma persona, de otras y del entorno— y qué tipo de ciudad lo dificulta?

Una definición especialmente útil plantea que la ciudad cuidadora es aquella que te permite cuidarte, cuidar a otras personas, cuidar el entorno y también recibir cuidados (Chinchilla, 2019).

Bajo esta perspectiva, una ciudad cuidadora debería ofrecer espacios públicos seguros e iluminados, infraestructura que facilite la vida cotidiana, barrios con equipamientos para el cuidado, accesibilidad para personas con diversidad funcional y condiciones que fomenten la autonomía. También implica un compromiso ciudadano y una planeación urbana donde el peatón sea protagonista (Col·lectiu Punt 6, 2019).

Con esta definición en mente, se analizaron los resultados de una encuesta aplicada a 365 estudiantes de la Universidad del Caribe, con el objetivo de conocer si perciben a Cancún como una ciudad cuidadora.

Los datos son contundentes. Ante la pregunta directa sobre si Cancún es una ciudad que les cuida, el 93% respondió que no. Además, el 82% la consideró una ciudad no saludable. A esto se suma una percepción de desatención hacia las juventudes: el 64% opinó que no se toma en cuenta a las y los jóvenes, porque con frecuencia se les minimiza o se les considera inmaduros.

Un punto central en la idea de ciudad cuidadora es la movilidad cotidiana: caminar debería ser una opción real, segura y accesible. En ese sentido, las banquetas son mucho más que un detalle urbano: son infraestructura de autonomía. Sin embargo, el 69% de las y los estudiantes reportó que las banquetas no son continuas, están obstruidas o, en algunos casos, simplemente no existen. Cuando el caminar se vuelve difícil o inseguro, la ciudad deja de acompañar la vida diaria y, con ello, se aleja del ideal cuidador.

La seguridad aparece como un tema complejo. Aunque en el debate público suele dominar la idea de una ciudad insegura, en la encuesta se observa un matiz: solo el 7% dijo sentirse inseguro en su espacio favorito. Aun así, el 10% señaló que no existen medidas de seguridad en los espacios públicos que frecuenta y el 47% considera que su espacio público favorito es seguro. Sobre el estado general de los espacios públicos, las opiniones se dividen: el 33% percibe que están en malas condiciones, mientras el 38% considera que se encuentran en buen estado. Esto sugiere una experiencia urbana desigual: hay zonas o espacios que sí funcionan, pero esa calidad no es necesariamente la regla para toda la ciudad.

En términos de inclusión, los resultados también encienden alertas. El 51% considera que Cancún no es una ciudad inclusiva, principalmente por la falta de cultura de inclusión. Y un dato particularmente sensible en una ciudad costera: el 45% percibe que se limita el acceso a las playas, lo cual impacta directamente en el derecho al espacio público y al disfrute del entorno.

Cancún es una ciudad relativamente joven —con poco más de medio siglo de crecimiento acelerado— y ha impulsado un modelo de desarrollo que, con frecuencia, prioriza la atención a la industria turística. Este enfoque, aunque ha dinamizado la economía, también puede generar una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué lugar ocupan quienes viven aquí, estudian aquí y construyen su vida cotidiana aquí? A la luz de los resultados, la percepción estudiantil sugiere que aún falta mucho para que Cancún sea vivida como una ciudad que cuida.

Si de verdad queremos acercarnos a una ciudad cuidadora, el reto no es abstracto: pasa por acciones muy concretas. Banquetas continuas y accesibles, iluminación adecuada, mantenimiento de espacios públicos, políticas de inclusión efectivas, garantía del acceso a playas y, sobre todo, mecanismos reales para escuchar e incorporar a las juventudes en las decisiones urbanas. Porque una ciudad cuidadora no se define por el discurso: se reconoce en lo cotidiano, cuando habitarla no desgasta, sino que sostiene.

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Dos Fridas, dos Méxicos: la economía que no se mira en el espejo

Dos Fridas, dos Méxicos: la economía que no se mira en el espejo

Voces Universitarias | Dr. Juan Boggio*

 Frida Kahlo pintó en 1939 una imagen que sigue perturbando: dos mujeres sentadas una junto a la otra, idénticas en rostro y en nombre, pero vestidas de modo diferente y separadas por algo que ninguna ropa logra tapar. Las une un delgado cordón de venas que recorre sus torsos. Una de las venas está rota. La sangre que debería circular entre ambas se derrama en silencio sobre su falda. Esa imagen es México.

No una metáfora poética, sino una descripción estructural. La economía mexicana existe en dos planos simultáneos que comparten territorio, moneda y gobierno, pero que rara vez se hablan. En uno de esos planos habita un sector moderno: empresas manufactureras integradas a cadenas globales de valor, maquiladoras que exportan componentes de precisión, corporativos con estándares internacionales de productividad, acceso a crédito formal y contratos que se cumplen. En el otro plano vive la mayoría: más de cuatro millones de microempresas por necesidad, mercados informales, autoempleo sin seguridad ni escala, economías de subsistencia donde el objetivo no es crecer, sino sobrevivir.

Ambas Fridas están sentadas en el mismo banco. Pero no comparten destino.

Entre 2008 y 2015, el mundo apostó al emprendimiento como motor de recuperación tras la crisis financiera. Chile lanzó Start-Up Chile y atrajo a fundadores de 37 países. Brasil desplegó su red de SEBRAE para llegar a millones de pequeñas empresas. España reformó radicalmente su legislación y logró que más de 290,000 jóvenes emprendedores aprovecharan la crisis como ventana. México también actuó: creó el INADEM, diseñó fondos de contrapartida, impulsó incubadoras y financió programas de alto impacto.

Los resultados, sin embargo, fueron distintos. Evaluaciones independientes confirmaron efectos positivos pero modestos. El problema no estaba en el diseño de los programas. El problema estaba en la estructura sobre la que aterrizaban.

El sector moderno mexicano, concentrado en el norte y orientado a la exportación, creció en productividad durante esos años. Las microempresas informales, al mismo tiempo, la vieron caer. La brecha no se cerró: se amplió. El INADEM alcanzó aproximadamente 150 a 200 empresas de alto potencial por año en un universo de millones. El aparato de política operaba en la realidad de una Frida mientras la otra permanecía invisible.

La vena que debería conectar ambos mundos, que en condiciones sanas llevaría conocimiento, tecnología y oportunidades del sector moderno al tejido informal, nunca circuló con fuerza. Las maquiladoras importaban sus insumos; los encadenamientos con proveedores locales eran escasos. La economía informal no accedía al crédito formal, ni a la protección legal, ni a los programas de apoyo. El INADEM duró cinco años antes de ser disuelto. CORFO, su equivalente chileno, lleva más de ocho décadas operando. SEBRAE, el organismo brasileño de apoyo a la pequeña empresa, supera ya las cinco décadas sin haber dependido jamás de la voluntad de un solo gobierno para sobrevivir.

El cuadro de Kahlo no termina en tragedia. Termina en suspenso, que es peor. Ahí siguen las dos Fridas: juntas, quietas, mirando al frente como si esperaran un desenlace que la pintura se niega a dar.

Lo que sí ofrece el diagnóstico es claridad: no basta con diseñar buenos programas si no se interviene en la estructura que separa los dos mundos. Mientras la vena siga rota, la sangre seguirá derramándose sobre su falda, y México producirá microempresas por necesidad donde podría estar generando empresas que crezcan, innoven y jalen al otro sector consigo.

*Profesor-Investigador Depto. Economía y Negocios, Universidad del Caribe

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Innovación empresarial y modernización nacional: el legado emprendedor de la Italia unificada

Innovación empresarial y modernización nacional: el legado emprendedor de la Italia unificada


Voces Universitarias | Dr. Juan Boggio*

 En el norte de Italia, tras la unificación de 1861, emergió una cultura emprendedora fundamentada en el racionalismo aplicado, la vocación por el oficio y una disciplina empresarial rigurosa. En el Politecnico di Milano y el Politecnico di Torino, los estudiantes no solo dominaban fundamentos técnicos; también concebían proyectos empresariales en laboratorios, círculos de debate y concursos de prototipos. Asimilaron que innovar implica someter cada propuesta al escrutinio empírico: diseñar, medir, refinar y rediseñar; un método que posteriormente adoptaron centenares de empresas en toda Europa.

Una anécdota célebre ilustra ese espíritu práctico y resuelto. En 1962, Ferruccio Lamborghini, empresario agrícola con obsesión por la precisión mecánica, escribió a Enzo Ferrari para señalar deficiencias en el embrague de su 250 GT; la respuesta desdeñosa de Ferrari, "ocúpese de sus tractores", encendió la determinación de Lamborghini; aquella misma noche concibió su propio deportivo, articuló su dominio técnico con la ambición de liderazgo sobre ruedas y así surgió un referente de innovación disruptiva.

Pirelli, desde Milán, construyó su imperio sobre una logística racionalista que optimizaba rutas, reducía desperdicios y transformaba caucho en producto global; en cada planta, equipos formados en procesos sistemáticos registraban tiempos y resultados para perfeccionar operaciones de manera constante y colaborativa.

En Turín, Giovanni Agnelli convirtió FIAT en símbolo de movilidad social y producción en serie; instituyó la rotación de funciones para que los colaboradores transitaran por cada estación de trabajo y comprendieran todas las fases del proceso productivo; así democratizó el automóvil mediante modelos robustos y accesibles.

Adriano Olivetti, en Ivrea, elevó el diseño con vocación comunitaria a otra dimensión: en 1960, su Centro Studi desarrolló el ELEA 9003, una de las primeras computadoras europeas completamente transistorizada; además fundó la revista Comunità, cooperativas de vivienda para empleados y espacios culturales con música, arte y café integrados al entorno laboral; su empresa-ciudad demostró que el bienestar colectivo potencia la creatividad y la productividad.

En Génova, Ansaldo especializó a sus equipos en proyectos de infraestructura: puertos, centrales eléctricas y líneas ferroviarias articularon regiones y modernizaron el país; cada obra constituyó un acto de cohesión nacional y de aplicación rigurosa del conocimiento al servicio del desarrollo.

¿Qué lecciones ofrece esta tradición emprendedora a Cancún y a la Universidad del Caribe?

Someter las ideas al método: planificar ciclos semanales de prueba y ajuste al modo del Politecnico di Torino. Diseñar entornos híbridos y flexibles donde fluyan ideas sin fricciones, tal como concibió Olivetti en su empresa-ciudad. Tejer alianzas sólidas con universidades, clústeres turísticos y emprendedores locales; la red constituye la palanca de crecimiento.

El denominador común de estos casos es el sapere fare: un saber hacer metódico, colaborativo y orientado a resultados concretos. Esa lógica operativa, más que cualquier contexto geográfico particular, explica la capacidad de transformación que exhibieron estas empresas.

La Universidad del Caribe ofrece la Licenciatura en Innovación Empresarial, consulta nuestra Convocatoria de Admisión 2026 en https://www.unicaribe.mx/

*Profesor-Investigador de Economía y Negocios, Universidad del Caribe.

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Atención fragmentada: la mirada contemplativa como acto de resistencia

Atención fragmentada: la mirada contemplativa como acto de resistencia

  Voces Universitarias | Dra. Carmen Lilia Cervantes Bello*

Vivimos en una época que celebra la velocidad, la disponibilidad y el rendimiento constante. Sin embargo, algo esencial se ha ido perdiendo en ese proceso: la atención.

No solo como capacidad cognitiva, sino como forma de relación con el mundo. La atención no es un simple esfuerzo mental o técnica de concentración; exige una disposición del alma, una apertura silenciosa que permite que la realidad se presente tal como es. Atender implica suspender el impulso de apropiarse, dominar o consumir.

Hoy, la percepción se ha vuelto voraz. Carece casi por completo de una dimensión contemplativa, pasamos el tiempo “devorando” imágenes, datos, opiniones, notificaciones.

Miramos no para comprender ni para dejarnos afectar, sino para acumular estímulos. En lugar de demorarnos, deslizamos. En lugar de escuchar, reaccionamos. Noticias inconexas, videos breves, titulares urgentes: cada fragmento reclama atención solo para ser rápidamente reemplazado por el siguiente. La atención no se sostiene; se dispersa.

Esta fragmentación no es un efecto colateral, sino un principio de funcionamiento de la sociedad de la adicción.

Cuando la atención se debilita, las relaciones interpersonales se vacían de presencia: se escucha sin escuchar, se responde sin comprender, se convive sin estar realmente con el otro. El declive de la atención erosiona así los vínculos, empobrece el diálogo y favorece formas de relación cada vez más instrumentales, marcadas por la prisa, la distracción y la utilidad. En este sentido, la crisis contemporánea de la atención no es solo un problema cognitivo o tecnológico, sino una crisis del lazo social, que dificulta la empatía y la posibilidad misma de un encuentro genuino.

La digitalización ha acelerado de manera radical esta lógica. Todo parece estar permanentemente a disposición: la información, las personas, los territorios, incluso la intimidad. Nos habituamos a que la realidad sea inmediatamente alcanzable, calculable y consumible. Esta aparente disposición no amplía necesariamente nuestra experiencia del mundo; por el contrario, la aplana. Cuando todo está al alcance, nada exige espera. Y sin espera, no hay atención profunda.

Bajo esta presión constante que siempre reclama algo de nosotros, olvidamos la mirada contemplativa, una forma de presencia completa que no busca utilidad ni gratificación instantánea. Esta atención profunda no se fija en lo fugaz, sino en lo que sostiene sentido —ya sea un rostro humano, un texto, un paisaje, un silencio— y, al hacerlo, restituye densidad y significado a nuestra experiencia.

Recuperarla hoy no es desconectarse del mundo, sino volver a habitarlo con profundidad.

Escuchar al otro, al mundo, a uno mismo requiere tiempo, silencio y vulnerabilidad.

Recuperar la atención, como proponía Simone Weil, no es desconectarse del mundo, sino volver a habitarlo con profundidad. Tal vez hoy, más que nunca, atender sea un acto de amor y resistencia.

*Profesora-Investigadora, Depto. Economía y Negocios, Universidad del Caribe.

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Diálogo académico sobre seguridad social, movilidad humana y cambio económico

Diálogo académico sobre seguridad social, movilidad humana y cambio económico


Voces Universitarias | 
Dra. Elda Leticia León Vite*

 La Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL Guadalajara) es uno de los encuentros culturales y académicos más relevantes a nivel internacional y el principal foro editorial del mundo de habla hispana. En su edición 2025, la FIL reafirmó su papel como un espacio estratégico para la difusión del conocimiento, el intercambio interdisciplinario y la vinculación entre instituciones académicas, organismos públicos y sociedad. Para la comunidad universitaria, este evento representa una oportunidad clave para acercarse a debates contemporáneos, conocer proyectos de investigación de impacto y fortalecer redes de colaboración nacional e internacional.

En este marco, la Universidad del Caribe tuvo una destacada participación mediante una comisión oficial de representación institucional, realizada de manera conjunta con la Conferencia Interamericana de Seguridad Social (CISS), con el objetivo de fortalecer vínculos académicos e institucionales en torno a temas prioritarios como la seguridad social, la movilidad humana y las transformaciones económicas. Estás problemáticas resultan especialmente relevantes para la formación académica, la investigación aplicada y la formulación de políticas públicas en contextos de cambio social acelerado.

Durante la comisión, se participó como representante de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social (CISS) en el stand del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), un espacio de alta visibilidad y diálogo interinstitucional dentro de la FIL. En este contexto, se llevó a cabo la presentación del libro Estructuras en Movimiento: flujos humanos, estabilidad en riesgo y la geometría del cambio económico, una de las profesoras que coordinó la obra, es quien suscribe, la cual aborda de manera crítica e interdisciplinaria los desafíos que enfrentan las economías y los sistemas de seguridad social, los flujos humanos y los riesgos estructurales contemporáneos.

Así mismo, se difundieron los aportes académicos del capítulo de autoría propia, así como las contribuciones de investigadoras e investigadores de la Universidad del Caribe promoviendo el intercambio de ideas con académicos, estudiantes, especialistas, tomadores de decisión y público interesado.

Como resultado de esta participación, se logró una importante visibilidad institucional de nuestra Universidad en un foro internacional de alto impacto cultural y académico. El stand del IMSS se consolidó como un espacio de convergencia para el diálogo interinstitucional, permitiendo dar a conocer el trabajo de investigación que se desarrolla en el Departamento de Economía y Negocios en colaboración con la CISS y universidades públicas de reconocido prestigio.

La presencia de la Universidad del Caribe en la FIL Guadalajara 2025 reafirma su compromiso con la difusión del conocimiento, el fortalecimiento de redes académicas y la vinculación entre investigación, docencia y políticas públicas, que contribuyen de manera significativa a posicionar a la universidad como un referente regional en el análisis de los desafíos sociales y económicos contemporáneos en beneficio de su comunidad académica y estudiantil.

*Profesora Investigadora del Departamento de Economía y Negocios, Universidad del Caribe.

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La brecha digital en la organización

La brecha digital en la organización



Voces Universitarias | Miguel Ángel Olivares Urbina*

 La digitalización debe concebirse como un proceso sociotécnico que articule tecnología, personas y procesos bajo una visión estratégica integral. Superar la brecha digital organizacional requiere liderazgo, capacitación continua y una transición consciente de iniciativas individuales y dispersas hacia una integración profunda en la cultura organizacional. Solo mediante una apropiación crítica y responsable de las herramientas

La incorporación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) se ha consolidado como un eje fundamental en los procesos de transformación económica y en el fortalecimiento de la competitividad organizacional. No obstante, la evidencia empírica y la literatura especializada coinciden en que la sola disponibilidad de infraestructura tecnológica resulta insuficiente para garantizar resultados positivos. El verdadero desafío se encuentra en la denominada brecha digital organizacional, entendida como una desigualdad compleja que no se limita al acceso físico, sino que se manifiesta con mayor fuerza en los niveles de uso, apropiación y aprovechamiento estratégico de la tecnología.

El análisis de esta brecha ha transitado de un enfoque centrado en la dotación de equipos y conectividad brecha de primer orden hacia una perspectiva que enfatiza las capacidades, habilidades y competencias para utilizar de manera efectiva las herramientas digitales brecha de segundo orden. En el caso de las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes), la experiencia demuestra que el éxito de los procesos de digitalización depende en mayor medida de factores internos, como el capital humano, los conocimientos tecnológicos del personal y el nivel de formación de los directivos, que de la inversión económica destinada al equipamiento.

Estudios realizados en contextos regionales como Aguascalientes y Quintana Roo muestran que, si bien muchas empresas cuentan con acceso básico a Internet y equipos de cómputo, enfrentan limitaciones significativas para avanzar hacia esquemas de uso intensivo y especializado, como la adopción de herramientas de Inteligencia Artificial generativa. Esta situación se explica, en gran medida, por la ausencia de una visión estratégica que articule la tecnología con los objetivos organizacionales de mediano y largo plazo.

Un elemento recurrente es que la digitalización suele abordarse de manera fragmentada y reactiva, enfocándose en actividades operativas como la promoción en redes sociales o la venta mediante aplicaciones de mensajería. Sin embargo, estas acciones aisladas rara vez se integran en una estrategia institucional coherente. Como resultado, se genera una desconexión crítica: mientras las organizaciones consideran que están innovando, los clientes no perciben un valor diferencial claro, ya que continúan privilegiando factores tradicionales como la confianza, el trato cercano y la reputación.

Desde esta perspectiva, la brecha tecnológica es, en esencia, un problema de cultura organizacional y de formación. La resistencia al cambio por parte de los fundadores, la ausencia de liderazgo digital y la falta de planes tecnológicos de largo plazo comprometen la capacidad de adaptación y supervivencia de las organizaciones en un entorno global altamente dinámico. En América Latina, estas limitaciones se ven agravadas por deficiencias estructurales de infraestructura
y por la carencia de marcos éticos y normativos claros en materia de seguridad y gestión de datos.

*Profesor Investigador, Depto. Economía y Negocios, Universidad del Caribe.

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