Voces Universitarias | Angelica Selene Sterling Zozoaga*
Muchas personas creen que para abrir un negocio restaurantero solo es necesario comprar insumos, preparar platillos con buen sabor y ponerlos a la venta con el mejor de los servicios y una gran sonrisa. Si bien estos elementos son fundamentales, resultan insuficientes para que un emprendimiento tenga éxito y permanezca en el mercado. Hoy en día, una importante cantidad de establecimientos está en manos de líderes improvisados que carecen de la formación técnica, práctica y de las habilidades de liderazgo necesarias para administrar y gestionar una empresa de manera eficiente.
Como lo indican los datos estadísticos, esta falta de preparación suele provocar que el negocio fracase dentro de su primer año de operación. Esto se traduce no solo en una pérdida económica para el inversionista, sino también en el desempleo de los colaboradores; un fenómeno que, a escala macroeconómica, frena el crecimiento del sector y disminuye la recaudación fiscal.
Una de las evidencias de esta falta de preparación se observa en el diseño del menú, el establecimiento de precios y la estandarización de los productos. Es común notar la ausencia de recetas estandarizadas, lo que provoca variaciones en la presentación de un mismo platillo, así como la falta de control de mermas, que deriva en desperdicios importantes de insumos. A esto se suma un análisis deficiente de costos: los precios suelen fijarse por intuición o tratando de imitar o mejorar el precio de la competencia, sin considerar a detalle los gastos de elaboración. En este mismo sentido, se lanzan promociones que, si bien pueden atraer a más clientes o incrementar el volumen de ventas, no necesariamente generan utilidades reales porque el volumen de egresos puede ser superior al de los ingresos.
Por otra parte, la falta de preparación en liderazgo, gestión de talento humano y manejo de equipos de trabajo, puede propiciar ambientes laborales hostiles. Esto detona una alta rotación de personal que se vuelve insostenible, ya que, cada persona que renuncia, se lleva consigo el tiempo y dinero invertido en su capacitación, afectando además la operación diaria del negocio.
Toda esta desorganización y falta de control interno se proyecta inevitablemente en el producto y el servicio. En el sector de la hospitalidad, el cliente busca consistencia: espera recibir la misma calidad en su platillo y la misma calidez en el servicio, sin importar el día de la semana que asista. Cuando un restaurante se gestiona de forma empírica o por intuición, la probabilidad de lograr esa consistencia es mínima. El comensal nota de inmediato la irregularidad: un día la porción es más pequeña porque se descuidaron las compras o lo está preparando una persona diferente, y al otro, el servicio es lento porque el personal está desmotivado o es completamente nuevo.
La solución a esta problemática no es cerrar las puertas al emprendimiento, sino reconocer la necesidad urgente de la profesionalización. Quien decida ponerse al frente de un negocio restaurantero debe tener la madurez para capacitarse constantemente y buscar las opciones adecuadas para su desarrollo. En este sentido, la Universidad del Caribe ofrece la maestría en Gastronomía Internacional, un programa diseñado para dotar a las personas que dirigen negocios restauranteros herramientas clave para su administración y gestión. A través de clases virtuales semanales con un costo muy accesible, esta opción académica es una plataforma valiosa para transformar la intuición en dirección empresarial estratégica y exitosa.
*Profesora-Investigadora de Gastronomía, Universidad del Caribe.