Cambio legal a vacaciones, potenciación del turismo interno.



Voces Universitarias | Dr. Pedro Moncada Jiménez*  

El surgimiento del turismo moderno, después de la Segunda Guerra Mundial, no puede entenderse sin el derecho al disfrute del tiempo libre, al descanso y a las vacaciones pagadas, consagrados en el artículo 24 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y recogidos por las constituciones y legislación laboral de la mayoría de los países del mundo. Dichos derechos, aunados a la prosperidad de amplias capas de la población en los países desarrollados, conforman el grueso del turismo actual. En los últimos días de 2022, se reformaron los artículos 76 y 78 de la Ley Federal del Trabajo, duplicándose los periodos mínimos de vacaciones pagadas, pasando de seis a doce días. Gran avance, pero todavía lejos de los 30 días promedio que se gozan en la mayoría de los países desarrollados.

Este cambio legal, aunado a la expectativa de una mejora en la situación económica en el mediano y largo plazo, en un país con una población de más de 126 millones de habitantes (2020) en el que solo alrededor del 15% (19.8 millones en 2019) hace turismo internacional, perfila un mercado nacional con un potencial turístico enorme. Se calcula que por cada viaje internacional, se realizan 10 nacionales y su importancia económica lo refleja la Cuenta Satélite de Turismo (CST), que estima que el turismo aporta un 8.5% del Producto Interno Bruto (PIB). Pocas industrias pueden presumir de esa participación en la economía del país en 2019. De esa proporción de la economía, el consumo de los residentes (consumo interno) es el 82.1%, es decir el mayor componente del turismo en México es nacional. Así, la magnitud económica del turismo nacional versus el internacional es de 4 a 1, aunque el segundo sea más llamativo. Esta participación se verá incrementada con el cambio realizado a la estructura legal, que pone la base para un mayor consumo turístico nacional.

Históricamente, ha sido bien documentado que la mejora económica en países con población significativa, propicia el consumo de bienes más allá de los de primera necesidad y entre ellos el viajar es primero en la lista, con una marcada tendencia a hacer turismo primero dentro y después fuera del país. Baste recordar cómo las épocas de bonanza de Argentina y Brasil se han reflejado en las playas del Caribe Mexicano. Por ello, es previsible qué si se mantiene el desarrollo económico, los flujos actuales de turismo social mexicano, dejados en manos de pequeños operadores y emprendedores en el origen, o que ahora usan las nuevas plataformas y recursos tecnológicos para armar sus paquetes, se conviertan en clientes y segmentos atendibles y redituables para la industria turística y que los destinos turísticos, tendientes a fijarse solo en los flujos turísticos de alto poder adquisitivo, los vean con perfil más aceptable.

*Profesor-Investigador, Turismo Sustentable, Unicaribe.

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