¿Salimos o nos quedamos? Cambios en el comportamiento del consumidor

¿Salimos o nos quedamos? Cambios en el comportamiento del consumidor


Voces Universitarias | Carolina Moreno*

 En la vida cotidiana, la pregunta sobre si salir a comer o pedir alimentos para consumir en casa o en la oficina, se ha convertido en un dilema recurrente. Este fenómeno no es trivial: refleja una transformación profunda en los hábitos de compra del comportamiento del consumidor que se consolidó durante y después de la pandemia de COVID-19, debido a las restricciones de movilidad, junto con la necesidad de satisfacer el deseo de comer fuera o adquirir víveres para cocinar en el hogar, impulsaron un cambio significativo en los patrones de compra y en la relación de la sociedad con la gastronomía.

Desde una perspectiva pedagógica, este proceso permite comprender cómo las aplicaciones de entrega a domicilio se incorporaron a la rutina diaria, ofreciendo comodidad y acceso inmediato a una amplia variedad de opciones culinarias. La digitalización del consumo gastronómico abrió nuevas posibilidades para los consumidores, quienes encontraron en estas plataformas una solución práctica y eficiente. Sin embargo, desde una mirada crítica, también emergen cuestionamientos sobre la dependencia tecnológica, la pérdida de interacción social en espacios gastronómicos y la homogeneización cultural que puede derivarse de la estandarización de la oferta.

Investigaciones recientes sobre el impacto de las apps de comida rápida y de entrega a domicilio revelan variables que configuran tendencias consolidadas: la preferencia por la inmediatez, la valoración de la conveniencia y la permanencia de hábitos que no solo se mantienen, sino que continúan expandiéndose.

En el caso de Cancún el consumo de comida rápida a través de aplicaciones móviles se ha potencializado de manera significativa motivando a que cada vez se sumen más usuarios, esto nos lleva a preguntar ¿Quiénes son estos usuarios? Los resultados de la investigación señalan a los millennials como los compradores principales, la edad promedio de esta generación oscila entre los 31 y 45 años de edad, quienes se caracterizan por el uso de la tecnología digital, lo cual explica la facilidad que ven en comprar comida de manera rápida y obtenerla en breve tiempo, con un consumo promedio de dos veces por semana.

En suma, la pregunta “¿salimos o nos quedamos?” trasciende la elección individual y se convierte en un espejo de los cambios estructurales entre comodidad tecnológica, interacción social y preservación cultural. La gastronomía, como acto humano y cultural, enfrenta el desafío de adaptarse sin perder su esencia. El futuro del consumo gastronómico dependerá de cómo se logre equilibrar la eficiencia digital con la experiencia social y cultural que solo un restaurante puede ofrecer. Este escenario invita a reflexionar sobre las implicaciones culturales, sociales y económicas.

*Profesora-Investigadora de Gastronomía, Universidad del Caribe

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El turismo comunitario como prioridad nacional

El turismo comunitario como prioridad nacional


Voces Universitarias | Sonia Beatriz Pacheco Castro*

Tihosuco, cuna de la Guerra de Castas, fue testigo de la firma por parte de la Presidenta de la República del Decreto por el que se declara de interés público al Turismo Comunitario publicado en el Diario Oficial de la Federación el 23 de marzo del 2026.

Esta declaratoria fortalece y reconoce el valor de la herencia cultural y el patrimonio biocultural de las comunidades indígenas, pesqueras, forestales, ejidales y rurales a través del Turismo Comunitario. Esto aunado a la presión de actores sociales y ambientales para adoptar nuevos modelos de desarrollo turístico en el país, que pasen de la depredación de ecosistemas, gentrificación y la transculturización a la conservación, aprovechamiento sustentable de los recursos naturales y la revalorización de la cultura; con el fin de contribuir al desarrollo integral sustentable y de la mejora de la calidad de vida en el territorio.

Es importante mencionar que este concepto de Turismo Comunitario no es nuevo; varios autores a nivel internacional y nacional han propuesto características que definen este tipo de turismo de base comunitaria, la cual contempla el uso y aprovechamiento del recurso natural, participación democrática de la comunidad receptora, distribución equitativa de los beneficios, el rescate de la cultura viva y la defensa de sus territorios. En esta modalidad de turismo es importante la intervención de las comunidades locales en la autogestión de actividades, creación de productos y servicios turísticos y la administración de este.

Considerando que no es un tema nuevo ¿Qué conlleva esta declaratoria?

En el Artículo 1. Lo señala como una actividad esencial para el desarrollo del turismo nacional, la gestión sostenible de los territorios, el cuidado de la riqueza biocultural, la reducción de la pobreza y la prosperidad compartida de las comunidades que poseen atractivos, desarrollan actividades y ofrecen sus servicios por conducto de los Prestadores de Servicios de Turismo Comunitario en los Destinos Turísticos Comunitarios.

En este sentido se espera que se integre esta modalidad de turismo a los ejes rectores del Programa Sectorial de Turismo 2025-2030, para el fomento del desarrollo regional y comunitario, promover la sostenibilidad en el territorio nacional, se integren programas gubernamentales con estrategias y acciones para la preservación del patrimonio biocultural, el desarrollo integral de infraestructura y equipamientos, capacitación y asesoría técnica y financiera a los actores involucrados.

Para ello es ineludible la reorganización de los gobiernos estatales y municipales desde sus oficinas representativas en materia de turismo para que sigan las directrices de esta declaratoria, dando paso a la creación de los programas para el impulso del Turismo Comunitario propiamente diseñados para cada comunidad siendo que son totalmente diferentes unas de otras y las necesidades varían dependiendo del nivel de desarrollo en que se encuentran.

Los retos que generalmente se presentan en este tipo de iniciativas gubernamentales es la falta de recursos etiquetados para la continuidad de los programas, poco interés de la comunidad a pesar de contar con recursos naturales con potencial turístico, nula cohesión social y la dependencia al asistencialismo que solo cubre de manera parcial las necesidades de la población.

Finalmente, desde la academia las universidades que ofrecen carreras de turismo deben contemplar la alineación a estas nuevas modalidades que son prioridad nacional a sus programas educativos como parte de su contribución al desarrollo sustentable de la región y área de afluencia; ya que se requieren profesionales íntegros, empáticos, lideres con ética y responsabilidad social y ambiental.

*Profesora Investigadora de Turismos Alternativo y Gestión del Patrimonio de la Universidad del Caribe

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El tiempo que no tenemos: ciudades cuidadoras y la pobreza invisible

El tiempo que no tenemos: ciudades cuidadoras y la pobreza invisible

 


Voces Universitarias | Christine Mc Coy*


Existe una forma de pobreza que no aparece en los índices económicos tradicionales, que no se mide en salarios ni en acceso a bienes materiales. Se trata de la pobreza de tiempo: la situación en que las personas no cuentan con tiempo suficiente para cubrir sus necesidades básicas, para participar en la vida social y, al mismo tiempo, atender las responsabilidades de cuidado que la vida cotidiana exige.

El concepto, ha sido trabajado por economistas feministas como Diane Elson y por organismos como ONU Mujeres y la CEPAL, se centra en el hecho de que el bienestar no depende solo de cuánto dinero tenemos, sino también de cómo distribuimos nuestras horas del día.

El trabajo de cuidado —cuidar a hijos e hijas, personas mayores, enfermas o con discapacidad; cocinar, limpiar, acompañar— es invisible para la economía formal, pero sostiene todo lo que sí se contabiliza. En la mayoría de las sociedades, ese peso recae de manera desproporcionada sobre las mujeres. Cuando una mujer pasa tres horas al día transportando a sus hijos a la escuela porque no hay rutas accesibles, o cuando dedica sus tardes a cuidar a una persona mayor porque no existen servicios públicos de apoyo, no solo está agotada: está siendo empobrecida en tiempo. Ese empobrecimiento tiene consecuencias directas en su autonomía económica, su salud y su participación en la vida pública.

Aquí es donde entra el concepto de ciudad cuidadora. Una ciudad cuidadora no es simplemente una ciudad amable o bonita. Es una ciudad que reconoce el trabajo de cuidado como parte esencial de la vida urbana y que organiza su infraestructura, sus servicios y sus políticas para distribuirlo con mayor justicia. Una ciudad cuidadora diseña transporte público pensando en quién viaja con carriolas y bolsas del mercado; construye parques y espacios donde las personas mayores puedan estar con dignidad; ubica los servicios de salud, educación y apoyo familiar cerca de donde vive la gente, no a horas de distancia. En suma, toma en serio que cuidar cuesta tiempo, y que ese tiempo tiene valor.

Cancún: el paraíso que no cuida a quienes lo sostienen

Pensar en Cancún desde esta perspectiva genera incomodidad, pero una reflexión necesaria. 

Cancún es una ciudad construida para el turismo, diseñada desde afuera hacia adentro: pensada para quienes llegan, no para quienes viven en ella. El resultado es una geografía profundamente desigual, donde la zona hotelera concentra inversión, infraestructura y servicios, mientras que las colonias donde vive la mayor parte de la población trabajadora —Región 94, Región 227, Villas del Rey, entre muchas otras— enfrentan calles sin banquetas, transporte escaso e irregular, ausencia de espacios públicos dignos y una distancia enorme, física y simbólica, entre donde se vive y donde se trabaja.

¿Quiénes son las personas que sostienen esa industria turística? En su mayoría, mujeres. Camaristas, cocineras, meseras, trabajadoras de limpieza, empleadas de comercios. Muchas de ellas viajan una, dos o hasta tres horas diarias en combis y autobuses para llegar a sus centros de trabajo. Cuando terminan su jornada, las espera otra: la del hogar. Cuidar a sus hijos, preparar alimentos, atender a personas dependientes. No hay guarderías suficientes, no hay horarios de servicio que se ajusten a sus turnos, no hay espacios en sus colonias donde dejar a un hijo mientras se trabaja. El tiempo no alcanza, y eso tiene nombre: pobreza de tiempo.

La pregunta que emerge no es solo técnica, es ética: ¿puede llamarse exitosa una ciudad que produce riqueza para el turismo global mientras empobrece en tiempo a quienes la mantienen funcionando?

La noción de ciudad cuidadora nos invita a imaginar a Cancún de otra manera. Una ciudad donde el transporte público llegue a las colonias periféricas con frecuencia y horarios que acompañen los turnos laborales. Una ciudad con estancias infantiles accesibles en precio y horario para madres trabajadoras del sector servicios. Una ciudad que valore los mercados de barrio, las redes vecinales de apoyo, los centros comunitarios como infraestructura de cuidado, no como rezago social. Una ciudad que entienda que el bienestar de quien cuida es condición, y no lujo, del desarrollo.

Cancún tiene frente a sí un reto que va más allá del urbanismo. Requiere preguntarse, con honestidad, a quién sirve la ciudad que ha construido. Y atreverse a responder que sirve, sobre todo, a quienes no viven en ella o no de manera equitativa

*Profesora-Investigadora, Depto. Economía y Negocios, Universidad del Caribe

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Redes sociales e IA, estrategia y oportunidades para micro y pequeños negocios.

Redes sociales e IA, estrategia y oportunidades para micro y pequeños negocios.





Voces Universitarias | Angelica Selene Sterling Zozoaga**

Las redes sociales se han convertido en una herramienta central de comunicación, entretenimiento y mercadotecnia. Su diseño tiene origen hacia finales de la década de los noventa, cuando aparecen plataformas más parecidas a las redes sociales actuales como SixDegrees en 1997, Friendster en 2002 y MySpace en 200, primera plataforma donde ya podías compartir fotografías y música en un espacio personalizable. En 2004 surge Facebook, donde se podían integrar fotos, mensajes y videos, en perfiles de personas, organizaciones e instituciones con y sin fines de lucro permitiendo una comunicación multidireccional entre usuarios que comparten su vida social, noticias, entretenimiento e información, ofreciendo un espacio para la publicidad y promoción, consolidándose como infraestructura clave para el marketing digital.

En México, actualmente existen más de 95 millones de personas usuarias de redes sociales, más de 70% de la población. Entre las plataformas más utilizadas están Facebook, Tik Tok, Instagram y Whatsapp. Estas redes se han convertido en un instrumento importante de comunicación y mercadotecnia digital para marcas y organizaciones de todos los tamaños, que ven en estas un medio para publicitarse y promocionar sus productos y servicios a un costo relativamente más bajo que el de los medios considerados tradicionales como el cine, radio, televisión y prensa. Además, se puede lograr un alcance más dirigido público objetivo, pues permiten, desde la programación de la publicación con pago, definir el segmento o nicho de mercado al que se desea llegar. 

Para los micro y pequeños negocios, las redes sociales frecuentemente representan la plataforma más económica (incluso gratuita) para anunciar sus productos y servicios. La facilidad para hacer una publicación en estos medios les impulsa a realizarlo de manera autónoma y autodidacta. Los resultados varían, cuando hacen publicaciones sin una estrategia clara, pueden alcanzar cierta cantidad de visualizaciones, reacciones y algo de presencia en redes que se limita a su red de contactos; cuando se invierte en publicaciones pagadas, el alcance puede ser mucho mayor, sin embargo, esto no garantiza la conversión de espectador o seguidor a cliente que compra.

¿Entonces? La respuesta, aunque casi obvia, se omite a menudo: una estrategia de publicidad de mercadotecnia digital es vital. En esta estrategia se definen los objetivos de las publicaciones, la periodicidad, el contenido, el formato y el medio de entrega, lo cual resulta complejo para alguien con poca experiencia. Sin embargo, la inteligencia artificial puede funcionar como asistente y guía en este recorrido con herramientas que generan imágenes, videos, textos e instrucciones detalladas, poniendo al alcance del usuario toda la información necesaria no solo para hacer una publicación, sino inclusive para diseñar planes completos de contenidos para atraer al cliente meta. ¿Entonces ya no es necesario contratar a una agencia especializada para hacer marketing digital? Si el presupuesto es muy limitado, apenas se está iniciando y se tiene tiempo para el aprendizaje y generación de la comunicación, podría no ser una opción, pero cuando se sacrifica tiempo y esfuerzo que podrían ser utilizados en la generación de utilidades poniendo atención en otros aspectos del negocio, los conocimientos, experiencia y práctica de los expertos se vuelve una necesidad e inversión más que un gasto.

*Profesora Investigadora, Departamento de Turismo Sustentable, Gastronomía y Hotelería.

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