Un diálogo entre el corazón maya y el bordado de X-Pichil, Quintana Roo

 



Un diálogo entre el corazón maya y el bordado de X-Pichil, Quintana Roo / 
María del Pilar Jiménez Márquez


En un patio de tierra bajo la sombra de árboles tropicales en X-Pichil, donde el sonido de la fauna se mezcla con el susurro de los hilos. Bordadoras y bordadores mayas, con sus manos de artistas “diseñan lo que hacen”, calculan la cantidad de hilos y colores que usarán para sus creaciones, “dialogan con su propio corazón para dar sentido a la obra” (León Portilla, 1980: 307), porque a partir de su trabajo expresan sus emociones más profundas, reflejando con ello pedazos de su tierra y su historia.

Para las bordadoras y bordadores mayas, el territorio no es solo un mapa o suelo, sino un «lugar donde pasan las cosas» (Coraggio, 2011:281). El bordado es la forma en que escriben la cultura en el espacio físico. Bordar es un acto creativo y un saber ancestral transmitido por generaciones, basa su existencia en los valores culturales transmitidos de manera transgeneracional. Es una de las innumerables formas de mostrar al mundo el “México Profundo” (Bonfil, 2019) que construye caminos de identidad.

Es también una actividad económica que persiste y se adapta para permitir y convertirse en un ingreso para las familias mayas que se desempeñan en la producción de bordados. Dependiendo de la prenda que se borde, puede demorar hasta seis meses su hechura. El trabajo dejado en cada prenda es único e irrepetible y debe ser valorado por su composición y diseño, pero también por el valor cultural que en sí mismo significa. La venta de los bordados enfrenta varios retos, el regateo y la competencia de productos en serie. La calidad del producto radica, en la resistencia del bordado a mano (Chúuy k´ab en maya), no se deshilará. La creativa forma de subsistir en la dinámica del mercado ha dado lugar a que las personas dedicadas a los bordados artesanales flexibilicen su trabajo e incluyan sus creaciones en distintas prendas, sin dejar de imprimir sus huellas en la tela, siempre empleando sus técnicas como la de Xook bil chúuy (en maya, hilo contado).

Durante la pandemia, la actividad productiva se detuvo y en algunos casos las personas bordadoras mayas mediante redes sociales lograron promocionar sus productos, logrando ventas, incluso fuera del país, lamentablemente no son la mayoría.

Por ello es fundamental que, con visión social, mediante las políticas públicas se encaminen esfuerzos para fortalecer a las bordadoras y los bordadores mayas en su labor del día a día, mediante la capacitación y profesionalización en diseño y patronaje, capacitación en uso de herramientas tecnológicas, habilitación de sus talleres con servicios de conectividad, así como con equipo para coser. La forma de organización en colectivos que actualmente tienen las bordadoras y bordadores brinda la posibilidad de conformar centros de diseño y patronaje con impactos locales importantes, que incidan además en el acceso a servicios sociales de salud, laborales y justicia; combatiendo con ello las décadas de inexistencia de políticas públicas de este tipo.

El bordado maya no es solo una artesanía, es un «lenguaje» y un patrimonio vivo que, al ser revalorizado, combate la desigualdad histórica y posiciona a las bordadoras y bordadores mayas como emprendedoras y emprendedores y guardianes de la cultura.

Este artículo se deriva de los resultados parciales de la investigación: Los sistemas productivos y de comercialización artesanales locales y su interacción con las artesanías foráneas en el estado de Quintana Roo.

Profesora-Investigadora, del departamento de Desarrollo Humano, en la Universidad del Caribe.




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