Innovación y confianza digital

Innovación y confianza digital


 Voces Universitarias | Dra. Sandra Guerra Mondragón*

Un solo clic basta para reservar un vuelo, cerrar un trato, arrancar un proyecto o redefinir el rastro de una carrera profesional. Nos movemos en una época donde las ideas viajan a una velocidad vertiginosa, impulsadas por pantallas, redes y algoritmos. Sin embargo, detrás de esa inmediatez hay una interrogante que pocas veces nos detenemos a reflexionar: ¿qué es lo que realmente nos mueve a dar ese clic?

La respuesta no está en la tecnología, sino en algo mucho más antiguo y humano: la confianza.

Lo observamos día a día en el turismo, un sector que no solo se transformó con la digitalización, sino que tuvo que reinventar sus bases. El viajero actual no busca un destino a ciegas; analiza experiencias, comentarios de desconocidos y recorre imágenes antes de tomar una decisión. En el fondo, no está comprando un servicio: está apostando por una promesa. Y esa promesa solo se sostiene si se edifica una relación auténtica en cada punto de contacto digital.

Pasa exactamente lo mismo con la innovación. Soleemos asociar el acto de innovar con herramientas sofisticadas: aplicaciones, inteligencia artificial o infraestructura compleja. Pero innovar es, en esencia, algo más cotidiano: es generar valor a partir de una idea que resuelve una necesidad real. Y ese valor jamás se consolida si quien está del otro lado —un cliente, un estudiante, un inversionista o la propia comunidad— no siente la seguridad suficiente para dar el primer paso.

Las grandes transformaciones raras veces nacen de presupuestos astronómicos o de fórmulas secretas. Surgen cuando alguien observa un problema común con mirada crítica, imagina una alternativa y asume el riesgo de ejecutarla. La innovación no es un privilegio reservado para unos cuantos; es una postura vital, una forma de habituarse a mirar la realidad con curiosidad e inconformismo.

En el entorno universitario, esto cobra una relevancia directa. Las aulas han dejado de ser meros receptores de teoría para convertirse en espacios donde se entrenan criterios, se detectan oportunidades y se cultiva la resiliencia ante la incertidumbre. Las herramientas digitales cambian de versión todo el tiempo; lo que permanece y marca la diferencia es el factor humano detrás de ellas.

La discusión ya no gira en torno a si la tecnología cambiará nuestras dinámicas: eso ya es un hecho. La pregunta de fondo es qué postura elegimos asumir ante ese escenario: ¿seremos observadores pasivos o protagonistas capaces de construir certidumbre, clic a clic e idea a idea? Cada propuesta, por modesta que parezca, es un voto de confianza. Y cada persona que se atreve a cuestionar lo establecido está, en la práctica, trazando el camino para los demás.

*Profesora-Investigadora, Turismo Sustentable, Universidad del Caribe

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La apicultura en Quintana Roo: una alternativa sustentable para la autosuficiencia alimentaria

La apicultura en Quintana Roo: una alternativa sustentable para la autosuficiencia alimentaria











Voces Universitarias | Juan Manuel Carvajal Sánchez*

Quintana Roo es reconocido mundialmente por sus destinos turísticos, pero detrás de sus playas existe un territorio rural donde la selva, la agricultura y la cultura maya mantienen una estrecha relación. En este contexto, la apicultura representa una oportunidad para generar ingresos, conservar la biodiversidad y contribuir a la autosuficiencia alimentaria de las comunidades. 

La producción de miel es una actividad importante para el campo quintanarroense. Sin embargo, su valor va mucho más allá del producto que llega a la mesa. Las abejas cumplen una función esencial en la polinización de numerosas especies vegetales, favoreciendo la producción agrícola y la conservación de los ecosistemas.


Una tradición maya que permanece


La relación entre las comunidades mayas y las abejas tiene siglos de historia. La crianza de abejas nativas sin aguijón, conocida como meliponicultura, forma parte del patrimonio biocultural de la región. La abeja melipona, Xunán Kab o “Señora Abeja”, representa conocimientos tradicionales relacionados con la naturaleza, la alimentación y la cultura. 

Un hecho reciente fortalece esta actividad: en 2026 se otorgó la Indicación Geográfica “Miel de Abeja Melipona del Corredor de la Zona Maya de Quintana Roo”, reconocimiento que permite distinguir y proteger este producto por su origen territorial y sus características particulares.

Esta protección representa una oportunidad para que la miel melipona deje de comercializarse únicamente como materia prima y alcance mayor valor mediante el envasado, la transformación y la construcción de marcas comunitarias.


Apicultura y autosuficiencia alimentaria


La autosuficiencia alimentaria no consiste únicamente en producir más alimentos, sino en fortalecer las capacidades de las comunidades para producir, transformar y consumir localmente. 

En este sentido, la apicultura puede integrarse con la milpa, los huertos familiares y los sistemas agroforestales. Las abejas favorecen la polinización y, por lo tanto, contribuyen indirectamente a la producción de frutas, semillas y otros alimentos.

Al mismo tiempo, la actividad genera ingresos para las familias rurales y puede diversificarse mediante productos como miel, cera, propóleo, polen y alimentos derivados.


Una oportunidad para la gastronomía y el turismo


Quintana Roo posee una ventaja adicional: su enorme mercado turístico. Hoteles, restaurantes y cafeterías pueden incorporar miel y productos apícolas locales en sus propuestas gastronómicas.

La miel puede utilizarse en bebidas, postres, panes, salsas y otros platillos, pero su mayor valor aparece cuando el consumidor conoce su historia: quién la produce, de qué comunidad proviene y cuál es su relación con la selva y la cultura maya.

Así, la miel puede convertirse en un producto gastronómico con identidad territorial, capaz de vincular a productores, cocineras tradicionales, chefs, restaurantes y empresas turísticas.

También pueden desarrollarse experiencias de turismo rural alrededor de apiarios y meliponarios, acercando al visitante a la cultura maya y a los procesos tradicionales de producción.


El reto es conservar para producir


La apicultura enfrenta desafíos importantes: cambio climático, pérdida de vegetación, incendios forestales, uso inadecuado de agroquímicos, enfermedades y dificultades de comercialización.

Por ello, no puede existir una apicultura verdaderamente sustentable sin conservación ambiental. Proteger la selva y las plantas melíferas significa proteger también la producción de miel y los sistemas agrícolas que dependen de la polinización.

El futuro requiere fortalecer la capacitación de productores, incorporar a mujeres y jóvenes, promover la transformación de productos y reducir la dependencia de intermediarios.

 

Una estrategia para Quintana Roo


La apicultura puede convertirse en un eje de desarrollo rural si se articulan agricultura, conservación, gastronomía, turismo y patrimonio cultural.

Quintana Roo tiene la posibilidad de impulsar un modelo estatal que proteja los territorios apícolas, fortalezca la producción comunitaria, genere productos con valor agregado y promueva el consumo local.

 Las abejas representan mucho más que una fuente de miel. Son parte de la biodiversidad, de la cultura maya y de los sistemas que hacen posible la producción de alimentos.

Proteger a las abejas significa proteger la selva; proteger la selva significa proteger los alimentos; y fortalecer a los productores significa avanzar hacia un Quintana Roo más sustentable, autosuficiente y con mayor bienestar para sus comunidades.


*Profesor-Investigador, Gastronomía, Universidad del Caribe 



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Inteligencia Artificial y Sustentabilidad Parte 2

Inteligencia Artificial y Sustentabilidad Parte 2



Voces Universitarias | Rogelio Sotero Reyes Galaviz*

Cada vez que escribimos una petición (prompt) y obtenemos una respuesta, existe una enorme infraestructura de centros de datos que necesita electricidad para procesar la información, entrenar los modelos y mantener funcionando los servidores. Esa energía también tiene una huella de carbono: dependiendo del modelo, la infraestructura, la duración de la consulta y de dónde provenga la electricidad, un simple prompt puede representar una pequeña cantidad de emisiones de CO₂, que al multiplicarse por millones de consultas diarias deja de ser tan pequeña. 
Por ejemplo, las emisiones de Google incrementaron un 48% en los últimos 5 años debido a la IA y un solo centro de datos consume lo equivalente en electricidad a 50,000 hogares, haciendo que la huella de carbono de estas sea mayor que la de la industria aérea actualmente. Estos datos han sido encabezados en páginas de noticias que hacen voltear a ver el problema del consumo de energía de la IA con preocupación.
Y no solo hablamos de electricidad. Los centros de datos también necesitan agua para sus sistemas de enfriamiento, mientras que la fabricación de los procesadores y servidores requiere recursos naturales y energía. Por eso, aunque escribir “hazme un resumen de tal tema” parezca un acto completamente inocente, detrás de esa petición existe un consumo de energía, agua y recursos considerable. El problema no es utilizar un LLM, sino asumir que su uso es gratuito también para el planeta. 
Y aquí estamos poniendo de ejemplo el pedir un resumen, pero la creación de imágenes o vídeos consume casi más del doble de electricidad que crear texto, como lo demuestra  Sasha Luccioni, investigadora en Hugging Face, en su artículo “Power hungry processing: Watts driving the cost of AI deployment?” (Luccioni et al., 2024). Por eso, antes de subirnos a la moda de crear las mismas imágenes utilizando el mismo prompt que todos para salir cada uno de nosotros abrazando artistas o famosos que nunca hemos visto, podríamos reflexionar ¿En serio necesito esa imagen?. O simplemente el hecho de que en un solo prompt escribiéramos toda la petición y seamos claros con lo que queremos obtener, podríamos ir contribuyendo de manera individual a la disminución del impacto ambiental de la IA.
Afortunadamente, el problema también se está estudiando desde el lado de las grandes compañías. Investigadores y desarrolladores están buscando nuevas formas de hacer que los modelos sean más eficientes, utilizando menos recursos computacionales sin sacrificar necesariamente sus capacidades. La eficacia algorítmica, los modelos más pequeños y técnicas como la activación selectiva de parámetros o la destilación muestran que no siempre necesitamos más cómputo para obtener mejores resultados, como lo ha demostrado la empresa china Deepseek desde sus inicios. 
En este punto, las universidades también tienen una responsabilidad importante. Formar ingenieros en inteligencia artificial no debería significar únicamente enseñarles a construir modelos cada vez más precisos o potentes, sino también a cuestionar el desarrollo de la IA, los recursos que necesitan para funcionar y las consecuencias de sus decisiones. Un ingeniero en IA con criterio debe ser capaz de preguntarse no solo “¿puedo hacerlo?”, sino también “¿es necesario hacerlo así?” y “¿puedo conseguir el mismo resultado utilizando menos recursos?”. 
Formar profesionales con esta conciencia puede contribuir a que la próxima generación de sistemas de IA sea diseñada pensando no solamente en su rendimiento, sino también en su eficiencia y su impacto ambiental. 
Sin embargo, existe una tensión difícil de ignorar: mientras la investigación busca reducir el costo energético de la IA, las grandes compañías tienen incentivos económicos para seguir aumentando el tamaño, capacidad y uso de sus modelos. Al final, una empresa tecnológica no tiene como objetivo principal proteger el medio ambiente, sino posicionarse como el referente tecnológico, así como ser competitiva y rentable. Por eso, además de esperar que la industria encuentre soluciones más eficientes, también nos corresponde como usuarios preguntarnos si cada vez que podemos utilizar una inteligencia artificial ¿realmente necesitamos hacerlo?
Un 10% de este texto fue intervenido con un modelo de lenguaje, no en la idea, sino en las formas.

*Profesor-Investigador, Depto. Ciencias Básicas e Ingenierías, Universidad del Caribe 

1. Vaswani, A., Shazeer, N., Parmar, N., Uszkoreit, J., Jones, L., Gomez, A. N., Kaiser, Ł., & Polosukhin, I. (2017). Attention is all you need. Advances in Neural Information Processing Systems, 30.
2. Luccioni, A. S., Jernite, Y., & Strubell, E. (2024). Power hungry processing: Watts driving the cost of AI deployment? In Proceedings of the 2024 ACM Conference on Fairness, Accountability, and Transparency (pp. 85–99). Association for Computing Machinery. https://doi.org/10.1145/3630106.3658542


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Inteligencia Artificial y Sustentabilidad Parte 1

Inteligencia Artificial y Sustentabilidad Parte 1

 
                                       



Voces Universitarias | Rogelio Sotero Reyes Galaviz*


La inteligencia artificial ha sido un tema muy sonado últimamente. En cierta medida, parece haberse convertido en una tendencia impulsada por la presión de las empresas tecnológicas por hacernos dependientes de sus productos, pero también por la necesidad de las personas de pertenecer a algo.

Aunque actualmente el término “Inteligencia Artificial” forma parte del vocabulario cotidiano de una gran parte de la sociedad, como algo muy familiar por las interacciones que han tenido con esta tecnología, aún existe un analfabetismo brutal que la asimila casi a magia o  a la idea de que detrás hay personas generando las respuestas como un método de control de masas, llevando a la sociedad a un desprecio/terror colectivo por toda la falta de información alrededor del tema.

Que si es de preocupar el futuro de esta tecnología, pero no por sí misma, sino por los intereses monetarios que existen detrás. Y quizá esta reacción no sea del todo nueva. La historia de la Inteligencia Artificial demuestra que nuestra relación con ella siempre ha estado marcada por ciclos de fascinación, expectativas y posterior desencanto. 

Históricamente se han tenido veranos e inviernos en el campo de investigación de la Inteligencia Artificial. Los primeros veranos llegaron acompañados de grandes promesas: máquinas capaces de razonar, aprender y algún día incluso pensar como los seres humanos. Sin embargo, en aquellos tiempos cuando aquellas expectativas no se cumplieron debido a la poca capacidad tecnológica disponible, el entusiasmo cedió ante la frustración y llegaron los llamados inviernos de la IA, períodos de escaso financiamiento y pérdida de interés dentro de la sociedad. 

Hoy en día, parece que estamos viviendo un buen verano, pues desde el 2017 que se proponen las arquitecturas Transformer (un tipo de red neuronal) en el artículo “Attention is all you need” de Ashish Vaswani y un grupo de investigadores pertenecientes a Google, el mundo pareciera que le halló sentido a todo ese campo que solo los computólogos y geeks hablaban, la inteligencia artificial y sus aplicaciones (Vaswani et al., 2017). A partir de los Transformers surgieron los llamados LLMs (Large Language Models o grandes modelos de lenguaje), sistemas de inteligencia artificial entrenados con enormes cantidades de texto para aprender patrones del lenguaje y generar respuestas coherentes que parecen escritas por una persona. ChatGPT, Gemini o Claude son ejemplos de esta tecnología. La arquitectura Transformer se convirtió en una pieza fundamental para el desarrollo de modelos capaces de trabajar con texto, imágenes, audio, video y otros productos digitales. 

Pero, aunque para los entusiastas tecnológicos este verano nos parezca fascinante, hay cosas que deberían de preocuparnos y ponerles verdadera atención. Este texto se centra en el uso desmedido y poco consciente de estas tecnologías y su impacto en el medio ambiente para generar una reflexión. Pues, al tener de forma gratuita el acceso a estos modelos, muchos hemos utilizado de manera irresponsable sus servicios. Pero de eso hablaremos en la siguiente entrega. 


*Profesor-Investigador, Depto. Ciencias Básicas e Ingenierías, Universidad del Caribe 


1.Vaswani, A., Shazeer, N., Parmar, N., Uszkoreit, J., Jones, L., Gomez, A. N., Kaiser, Ł., & Polosukhin, I. (2017). Attention is all you need. Advances in Neural Information Processing Systems, 30.

2. Luccioni, A. S., Jernite, Y., & Strubell, E. (2024). Power hungry processing: Watts driving the cost of AI deployment? In Proceedings of the 2024 ACM Conference on Fairness, Accountability, and Transparency (pp. 85–99). Association for Computing Machinery. https://doi.org/10.1145/3630106.3658542


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¿Quienes trabajan en restaurantes prefieren un salario digno a las propinas?

¿Quienes trabajan en restaurantes prefieren un salario digno a las propinas?


Voces Universitarias | 
Dr. Mauro Berumen Calderón*

 Anteriormente, ya había escrito en este espacio sobre la propina en México, pago que reciben los trabajadores del sector restaurantero por atender a los comensales. Aunque desde la perspectiva del consumidor se concibe como una gratificación voluntaria otorgada por el reconocimiento del servicio recibido, para numerosos trabajadores del sector restaurantero representa una fuente fundamental de sus ingresos. Esta dualidad genera una primera contradicción: mientras el comensal tiene la libertad de decidir si entrega una propina y determinar su monto, el trabajador puede depender económicamente de un ingreso sobre el cual no tiene certeza ni control. Por consiguiente, una parte de su bienestar económico queda vinculada a las decisiones individuales de los clientes y no exclusivamente a la remuneración garantizada por su empleador.

Esta situación adquiere mayor relevancia cuando se considera la estructura salarial existente en determinados establecimientos restauranteros mexicanos. Giglia y Robles, investigadores de esta línea de estudio, documentan condiciones en las que las propinas permiten complementar salarios insuficientes e incluso casos en los cuales trabajadores formalmente incorporados a la nómina no reciben efectivamente el salario correspondiente. De esta manera, la existencia de las propinas puede contribuir a normalizar una estructura de remuneración en la cual el salario pagado por el empleador resulta insuficiente y se asume que será compensado con el dinero proporcionado directamente por los comensales.

El problema no necesariamente se hace evidente cuando se observa exclusivamente el ingreso mensual total del trabajador. Una persona puede obtener mediante las propinas una cantidad que, sumada al salario base, represente un ingreso considerablemente superior al salario mínimo. Sin embargo, ello no significa necesariamente que disfrute de estabilidad económica o de mejores condiciones laborales. En la información recopilada para Cancún se señala, por ejemplo, que trabajadores del sector pueden alcanzar ingresos mensuales de entre $18,000 y $20,000, aunque una parte sustancial procede de las propinas. Al mismo tiempo, se han reportado establecimientos donde los trabajadores se encuentran registrados con el salario mínimo, y en algunos restaurantes, ni salario tienen. 

La dependencia de las propinas introduce, además, una componente de incertidumbre económica. El trabajador no puede determinar anticipadamente cuánto recibirá, pues sus ingresos pueden variar según la cantidad de clientes, el consumo realizado, el turno asignado y la decisión del comensal respecto del porcentaje que desea entregar. Curiosamente, los resultados que hemos obtenido de nuestra investigación en Cancún son contrarios a la pregunta de investigación inicial “¿Los trabajadores del sector restaurantero de la ciudad de Cancún prefieren un esquema de remuneración que les garantice un ingreso digno mediante un salario fijo, en sustitución de un esquema en el que sus ingresos dependan de las propinas?”, en la que creíamos que los trabajadores del sector restaurantero preferirían un sueldo digno sin propina, que un sueldo bajo (o sin sueldo) pero con propina.

Explicar lo anterior puede parecer difícil al compararlo con los resultados que estamos obteniendo en la ciudad de Puebla, dónde los resultados indican que los trabajadores de los restaurantes prefieren un buen sueldo sin propina, pero que les garantice estabilidad económica. Como investigador, esta diferencia de resultados en dos ciudades mexicanas, te hace tener más dudas, pero de repente, la respuesta aparece cuando en ciertos restaurantes de Cancún, te entregan la cuenta con las opciones de dejar 15%, 20% o hasta 25% de propina, en dónde dejar el 10% no es opción ¿alguna duda?


* Profesor de Tiempo Completo de la Universidad del Caribe, miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel 1) del CONAHCYT.

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