Covid educativo: cambiar o cambiar

Covid educativo: cambiar o cambiar

 INNOVacción | Por Eduardo Suárez*

Nuestra situación actual es inédita. Por primera vez en mucho tiempo, la humanidad se siente unida, y el lazo que nos ha juntado es una gruesa trenza, hecha de miedo y anhelo. Es necesario reflexionar a fondo para no dejar pasar este momento crítico: la esperanza debe imperar y ganar la batalla. Sobre todo, en educación.

Ahora las reuniones de los docentes son a distancia, desde sus casas, por medio de plataformas como Zoom, Skype o Meet. El aprendizaje de esta forma de comunicación ha sido monumental: las videoconferencias aumentaron de manera exponencial, igual que el contagio del virus. Las clases, si es que pueden seguir llamándose así, también son a distancia. Los resultados no son buenos, ni podría esperarse que lo fueran. Basta leer el New York Times, en su sección educativa, para percatarse de la preocupación en todo el planeta para recuperar el año educativo perdido: el 2020.

En la premura de la toma de decisiones podemos observar la desesperación. En primer lugar, la recomendación de llevar las clases virtuales por la vía de la videoconferencia, que no solo satura el ancho de banda, sino que además reproduce el peor vicio expositivo de la educación tradicional: un adulto que perora a una pequeña multitud de jóvenes aletargados que no pueden hacer otra cosa que escuchar, si es que lo logran, por las dificultades de la transmisión de imagen y sonido. En segundo, la programación escolar exprés de actividades en línea con grupos enormes, para aminorar el contacto presencial frente a la falta de salones e infraestructura, como si la tecnología tuviera como fin masificar la instrucción para no tener que construir salones. Errores gravísimos, que habrá que reparar.

Las preguntas esenciales en este campo son: ¿qué fue lo que pasó, por qué la contingencia sanitaria agarró tan desprevenido a un sector que enseña sobre tecnología educativa desde hace décadas?, y ¿qué hacer para mantener la actividad formativa actual, frente a las enormes restricciones de aulas y salones exigidas por el coronavirus?

La primera pregunta es un acertijo, que nos deja perplejos. En educación se sabe desde hace muchísimo que el aprendizaje y la instrucción no tienen opción y deben fundamentarse en la tecnología de la época. La nuestra es la de las computadoras. ¿Qué fue, entonces, lo que sucedió? Pues que es muy diferente enseñar algo al estudiantado que suponer que la organización educativa misma lo sabe. En una clase de universidad se puede aprender acerca de derechos humanos y en esa misma institución es posible observar cómo se violentan. En todas las universidades del mundo se dan clases de creatividad, lo que contrasta frecuentemente con la falta de creatividad de la institución que imparte esa clase. Dicho con claridad: las instituciones educativas sufren mucho para aprender. La solución, urgente, consiste en implementar procesos de indagación y aprendizaje organizacionales. Profundos y efectivos, con respeto y aprecio por la diferencia de opiniones.

El segundo cuestionamiento es de una urgencia atroz. Es necesario resolver el problema que ha explotado frente a nuestras caras, la actividad educativa en curso. Pero también hay que cambiar el rumbo, para adaptarse. ¿Hacia dónde hay que dirigirse ahora? Son tres las direcciones a las que debemos apuntar: 1) enriquecer con tecnología toda la actividad presencial en las aulas, mucho más allá del uso de proyectores para presentaciones, 2) comenzar a mezclar la entrega en algunos cursos, con actividad presencial y virtual, lo que liberaría algunos salones, y 3) disponer de cursos virtuales sello, avalados por la institución, los que deben desarrollarse como modelos vivos de lo que los demás docentes deben y pueden hacer por su cuenta. Todo esto afectaría la memoria organizacional de manera positiva y proporcionaría la motivación necesaria para afrontar el reto con éxito.

No está nada difícil la decisión en el campo educativo: o se cambia… o se cambia.


*Maestría en Innovación y Gestión del Aprendizaje, Universidad del Caribe (https://innovaccionaprendizajeyconocimiento.blogspot.com/)

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Covid organizacional, ¿cambiar o conservar?

Covid organizacional, ¿cambiar o conservar?

 


InnovACCIÓN | Por Eduardo Suárez*

A todos lados donde miro hay cambios, fuertísimos cambios: En un condominio, la reunión de su comité de vigilancia discute las acciones necesarias para el bienestar de todos los residentes, pero lo hacen de pie, en un sitio público, guardando dos metros de distancia y con tapabocas de por medio. En un supermercado, la clientela hace fila afuera del local, de manera ordenada y distanciada, con tapabocas, esperando que le tomen la temperatura con un instrumento láser y así poder entrar a realizar sus compras. La universidad local está vacía y cerrada, mientras lleva a cabo una febril actividad en línea para evitar perder el semestre, situación que llena de ansiedad a no pocos docentes y estudiantes.

Las dudas se agolpan en nuestras mentes y, por qué ser tímidos y no reconocerlo, también en nuestros corazones. Cuando las fases más peligrosas de la pandemia hayan pasado, ¿debemos seguir trabajando en oficinas abarrotadas de personas, ambiente proclive al contagio? ¿Es buena idea seguir escalonando los días de trabajo en casa? ¿El trato con los clientes debe seguir siendo físicamente personal? ¿Cómo debemos afrontar una realidad en la que el cambio disruptivo es la única presencia estable?

En medio de la epidemia, lo más importante es la innovación, porque ya nada será igual. Y la única manera de que ésta no sea un accidente feliz, un encontronazo con la suerte, es que las organizaciones aprendan a generarla. ¿Qué es lo que deben aprender? A detectar lo que el coronavirus ha dejado impracticable y a corregir todo lo que no abone a la nueva realidad del cambio disruptivo.

Se trata de un asunto de sostenibilidad, concepto que involucra el dinámico juego del cambio y la continuidad. ¿Cómo persistir, sin arriesgar la salud de la población y de la fuerza de trabajo? Una organización que siga haciendo, irreflexivamente, lo mismo que en el pasado… no tendrá futuro. Y una que cambie por cambiar, que no conserve su misión esencial y lo mejor de su tradición y memoria, perderá la brújula de su experiencia y se extraviará en un presente pletórico de lo nuevo e inútil.

¿Qué es lo que debe cambiar? La respuesta es clara: la capacidad de la organización para aprender debe fortalecerse al máximo; es la única manera de enfrentar a la irrupción con la herramienta adecuada, la innovación sostenida. ¿Qué es lo que debe conservarse? El compromiso con la misión esencial de la organización, el buen ambiente de trabajo y la preocupación por cuidar al máximo la salud y seguridad de todos y todas.

Dos problemas nos deben mantener muy alertas. Por un lado, dilucidar la forma de capitalizar en cambios efectivos las intuiciones de los miembros de la organización acerca de cómo trabajar y vivir en tiempos de pandemia, y por el otro, evitar el cinismo y la cerrazón derivados de una retahíla agobiante de cambios sin ton ni son, producto de una visión poco científica y humanista del problema.

De manera muy específica, esto es lo que debemos esperar: el trabajo y el estudio virtual desde casa, la toma de decisiones a distancia por parte de los clientes y la aparición frecuente de cambios disruptivos. Todo esto llegó para quedarse. Será de manera poco uniforme, a tiros y tirones, pero esto será nuestra realidad inmediata. De hecho, ya lo es, pero está madurando.

Reuniones de condóminos por Zoom, idas virtuales al súper, profesores y profesoras diseñando lecciones por Google Classroom… nada de esto es futurología ni ciencia ficción. Es simplemente el presente, el que podríamos llamar, con cierto romántico optimismo, como la innovación en tiempos del coronavirus.

*Maestría en Innovación y Gestión del Aprendizaje, Universidad del Caribe (https://innovaccionaprendizajeyconocimiento.blogspot.com/)

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El COVID-19 también nos empujó al aprendizaje virtual

El COVID-19 también nos empujó al aprendizaje virtual

 


Voces Universitarias | Por Lorena Hernández von Wobeser*

Despierto en la mañana, me tomo un café y tras un rápido desayuno que preparo a mis hijos,  toco la campana para indicar que la escuela empieza. Ahora yo soy la maestra y el aprendizaje sucede en casa.  Dejo en la mesa un material “gancho” que atraiga a mis hijos a acercarse: una pelota de unicel y una nota que habla de cómo Plutón, el “planeta enano”, vuelve a considerarse nuestro noveno planeta; o su block de dibujo, con La Mona Lisa calcada para que la dibujen con acuarelas. Después, los deberes: cuaderno de español, cuaderno de inglés, regletas de matemáticas, planas. ¿Y cómo logro que hagan todo eso? Con la promesa de una hora en el celular a las 12:00 horas. 

La contingencia sanitaria del COVID-19 es un fenómeno “parte aguas” que tocó vivir a toda esta generación.  El 14 de marzo y  con la directiva de Secretaría de Educación Pública se solicitó a las escuelas de todos los niveles educativos “ampliar dos semanas su periodo vacacional”; aunque realmente la directiva no era adelantar vacaciones, sino continuar con el trabajo académico desde casa. 

Este “bomberazo”, sumado a otros bomberazos tales como comprar papel de baño y gel antibacterial,  implicó para muchos maestros (y padres de familia) tener que migrar rápidamente del aprendizaje presencial al aprendizaje virtual. Para algunos maestros y padres con escasa o nula experiencia en plataformas y herramientas educativas virtuales, esto ha sido un enorme reto. Sin embargo, es impresionante como ante la presión de la urgencia, la meta se está logrando incluso para personas que son resistentes a la tecnología. 

En mi caso, soy profesora de la Universidad del Caribe, amante de las tecnologías educativas... pero el reto para mí ha sido fungir en un doble rol de maestra (maestra de mis alumnos de universidad y maestra de prescolar de mis hijos de 3 y 5 años). Abundan en las redes sociales (por lo menos en el de las mamás) memes y chistes de este doble rol  de mamá maestra y mujer profesionista, que en el encierro y a ratos, parece difícil de lograr.  

Sin duda, un espacio al día  que he conseguido ganar para atender a mis alumnos de la universidad mientras mis hijos-ahora también alumnos- brincotean por la casa, ha sido el uso efectivo de una hora al día de mi celular. En esta nota, me gustaría recomendar algunas innovaciones para fomentar el aprendizaje para distintos niveles educativos. 

Teach Monster: es una aplicación gratuita para la enseñanza de la fonética y lectura para principiantes en inglés. Ideal para niños entre 5-6 años. Aunque también muy buena opción para niños o incluso adultos que empiezan a aprender el idioma inglés y sus sonidos. A diferencia de otras aplicaciones que se utilizan para el aprendizaje de idiomas, esta aplicación es realmente lúdica. Cuando la usa mi hijo, realmente siente que está en un videojuego en lugar de estar aprendiendo. Excelente para aprender una adecuada pronunciación del inglés. 

Band: la escuela de Danza de mis hijos está utilizando esta plataforma para migrar sus clases presenciales de danza a clases virtuales. Lo han logrado de una manera estupenda manteniendo unida a su comunidad. Band pertenece al mundo de las redes sociales y es exclusiva para el uso de los smartphones. Uno de sus puntos fuertes es compartir contenido multimedia e interactuar con dichos contenidos. La probé con un grupo de estudiantes de universidad y aunque apenas se están involucrando con ella, permite subir contenido multimedia así como aplicar encuestas de una forma bastante interactiva. 

Zoom: hoy en día se considera como líder en las video-comunicaciones con una plataforma en la nube que es confiable, fácil de usar y gratuito para sesiones de menos de 45 minutos.  Esta app permite tener reuniones virtuales con video y voz de más de dos personas simultáneamente. Es decir ¡se puede impartir clase virtual! Además de poder tener en la pantalla un mosaico con todos los participantes de la conversación la plataforma tiene diversas “monadas” como poder levantar la mano, prender o apagar micrófonos, compartir un pantalla (por ejemplo para escribir) o hasta cambiar nuestro fondo como efecto pantalla verde. Así es que como profesor, podrás poner un fondo del puente de San Francisco para que no se vea la cocina tirada en el fondo. 

That Quiz: esta plataforma está especializada en matemáticas principalmente. Permite hacer ejercicios de matemáticas para todos los niveles educativos (desde preescolar hasta nivel universitario). No es necesario registrar la cuenta. Solamente ingresa a That quiz.org, elige qué tipo de ejercicios quieres realizar (aritmética, fracciones, geometría, etc.), elige la complejidad de las preguntas, voltea tu celular y listo! MI hijo de 5 años lo usa para hacer sumas, restas, comparar cantidades, usar medidas de regla, el reloj e incluso ya aprendió a hacer diagramas de Venn!. Pero ojo, igual de útil para practicar ejercicios para los estudiantes de ingeniería. 

Smile and Learn: esta también es una excelente aplicación para niños de preescolar y primaria. Se puede configurar para más de un niño y muchos de sus contenidos son gratuitos.  El menú inicial despliega rubros como Ciencia, Contenido Espacial, Lógica, Literacidad, Emociones y Arte. Encontramos ejercicios de Tangram, Construcciones tipo rompecabezas de edificios importantes, o una galería para aprender y dibujar cuadros de pintores clásicos, impresionistas y artistas abstractos. También hay una enorme variedad de cuentos y breves videos educativos. En mi caso, lo descargué en inglés y además es una fuente de práctica para el idioma. 

Si eres maestro y después de esta experiencia del COVID-19 te das cuenta que necesitas actualizarte en innovaciones para fomentar el aprendizaje, no dudes acercarte a la 4ta generación de la Maestría en Innovación y Gestión del Aprendizaje en la Universidad del Caribe que, si la contingencia sanitaria lo permite, dará inicio en agosto de este año. 

*Coordinadora de la Maestría en Innovación y Gestión del Aprendizaje 


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La recuperación turística después del coronavirus

La recuperación turística después del coronavirus



 VOCES UNIVERSITARIAS | Por Dr. Pedro Moncada Jiménez*

La conducción actual debe de ser regida por las autoridades sanitarias, pero una vez pasada la parte más grave de la contingencia, ya en la etapa de recuperación, con el relajamiento de las medidas de distanciamiento social, cada destino, debe estudiar la situación de sus mercados turísticos emisores, su conectividad y la situación de la industria de transporte (aéreo y/o terrestre o fluvial), su producto turístico, su mercado laboral y la afectación de su imagen; y en función de las condiciones en ese momento, plantear sus planes de dinamización de la demanda y de reactivación de la oferta. En ese sentido los productos y servicios turísticos que puedan manejar mayores burbujas de intimidad (no necesariamente más personalizados) serán los que puedan operarse primero; muchas compañías, sobre todo en el transporte, tendrán que analizar muy bien sus puntos de equilibrio para poder operar bajo la necesidad sanitaria de mayor espacio por viajero.

Así como el 11 de septiembre sentó nuevos estándares en los viajes respecto a seguridad, es previsible que nuevos estándares sanitarios se establecerán en los viajes ante esta nueva realidad, lo que implicará una revisión a fondo del reglamento sanitario internacional, que ha sido rebasado en esta contingencia.

Por supuesto que la afectación a mediano y largo plazo impactará de manera diferenciada a cada segmento y sector turístico, hasta ahora se vislumbra uno que tendrá afectaciones de profundidad en el largo plazo: los cruceros. La lista provisional de destino-país que terminarán muy afectados son: China, Italia, España, USA y sumando. La de destinos-ciudad hasta ahora incluye a: New York y Madrid. Estos destinos turísticos, su industria turística y de viajes y su población resentirán por años las secuelas de este 2020. Hagamos lo posible para evitar entrar en esas listas.

El turismo internacional en el año 2020, tendrá una debacle como nunca se ha registrado, 20 a 30% calcula la OMT. Mayor al 2008-2009 y al SARS. Al ser el turismo internacional tanto en turistas como  visitantes la mayor proporción de los flujos turísticos a los destinos del estado es de esperarse un impacto similar en la estadística anual a nivel local, con mayor baja en el arribo de cruceristas.

Atender la emergencia y prepararse para la temporada de invierno, esperando que el sargazo y la temporada de huracanes den tregua este año, esa sería la secuencia de actuación. La esperanza del mañana se cifra en la resiliencia del turismo, ese derecho inalienable de las personas del siglo XXI a viajar y su negativa a renunciar a ello. En cuanto amaine la pandemia, los aviones regresaran con turistas sin Covid 19 -o ya habrá su vacuna- y el único coronavirus que motivará serias discusiones será el de la cerveza.

*Secretario Académico, Universidad del Caribe. 

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La responsabilidad social del Turismo ante el COVID-19

La responsabilidad social del Turismo ante el COVID-19

 



VOCES UNIVERSITARIAS | Por Dr. Pedro Moncada Jiménez*

En lo social, la coyuntura por la emergencia sanitara del COVID-19 pone bajo tensión al segmento de empresas turísticas que se esfuerzan en cumplir con la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) básica, que es dar empleo decente y de calidad, ésta será la verdadera prueba del ácido para la RSE. Ante la falta de esquemas formales, tipo los seguros de desempleo de USA o esquemas de renta universal básica, los esquemas solidarios de conservar el empleo siguen como esquema menos malo que los despidos. El impacto en lo social escala a nivel catastrófico. El turismo, industria de servicios, es por definición intensiva en mano de obra, de baja calificación; es decir, gente pobre, inmigrante la mayoría, a quienes la coyuntura deja en la indefensión total. Sumando elementos de riesgo para el precario orden social en varias de las localidades del estado.

Es la oportunidad, como sociedad de mejorar nuestro modelo social, con revisión y mejora de los mecanismos tanto de cobertura social, como de la planta productiva, el fomento industrial y de la inversión en épocas de crisis. Son de envidia el abanico de medidas que los países desarrollados han desplegado tanto para proteger al empleo y a las familias como a las empresas.   

El éxodo de la migración interna es palpable, quienes no tenía condiciones o suficientes razones de aguantar la coyuntura, se están regresando a sus lugares de origen, la actividad ha sido frenética en las últimas dos semanas en las terminales de autobuses informales. Ello genera menor presión social local, ante la contingencia. Se activó la válvula de la olla a presión. Sin embargo ello lleva a que se repita la historia del conteo 2005, afectado por el huracán “Wilma”, un censo no realista, que reducirá los insuficientes recursos para el desarrollo el próximo quinquenio. La estructura de la pirámide poblacional, con forma más de flecha que de pirámide, muestra que el grupo mayoritario de la población de Quintana Roo es el de menor riesgo, ese es otro factor demográfico que ayuda a enfrentar la emergencia sanitaria.

Ya se sabe que uno de los efectos no deseados de poseer ciudades-destinos-marcas turísticas es que venden más titulares, por ello, siempre una notica mala se magnifica mucho más que para otra localidad que no tiene ese atributo. Una gestión eficiente de la crisis sanitaria es la mejor inversión en publicidad turística, se saldrá más pronto de la contingencia y permite cuidar la imagen del destino a mediano plazo. Mínimo que no sea relacionada en la memoria colectiva como epicentro de ella.

En la fase 3 de la pandemia, el Covid 19 viaja en auto particular y en transporte público. Profundizar la distancia social ayudará a evitar no ser el epicentro de un contagio local descontrolado. Con el flujo de viajeros en el aeropuerto al mínimo y las escasas vías terrestres de acceso al estado, los flujos de personas son relativamente fáciles de controlar, las aduanas o filtros  sanitarios deben de considerarse. La península y el estado pueden garantizarse como una zona con la menor circulación del Covid 19, en el país y aun internacionalmente. Por lo tanto, la estrategia de control se convierte en un doble anillo: menor movilidad social para parar a lo mínimo el contagio interno y blindaje externo peninsular o estatal para mantener la región segura. En este aspecto, como en todo, el reto es encontrar la justa medida para mantener el régimen de libertades y garantías individuales, sin caer en acciones ni autoritarismos que lesionen derechos humanos. 

El inminente aumento de la temperatura por la primavera es otra variable que ayudará, por algo la influenza es estacional. 

En este punto de la pandemia, de todas estas circunstancias, y algunas no visibles aún, dependerá salir lo más rápido y mejor de esta coyuntura. La situación aún dolerá más, antes de mejorar.

* Secretario Académico de la Universidad del Caribe

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¿Qué sucede con el turismo durante una pandemia?

¿Qué sucede con el turismo durante una pandemia?




Voces Universitarias | Por Dr. Pedro Moncada Jiménez *

¿Qué sabemos sobre lo que ocurre en un destino turístico durante una pandemia? A la luz del estudio del caso de Cancún en el AH1N1 y otros desastres, se puede saber que por su alto impacto en las llegadas en el corto plazo, la alerta sanitaria obligó al igual que los huracanes, al cierre de hoteles, con la diferencia que esa vez la estructura turística no estaba dañada, lo que explica que la recuperación haya sido más rápida, en forma de “V”. La afectación al turismo en Cancún por la alerta sanitaria de la Influenza AH1N1 se estima que duró seis meses y dejaron de venir 299,294 turistas. El impacto económico de la influenza AH1N1 se estimó en 307.6 millones de dólares. Ante el AH1N1 las tarifas se movieron a la baja solo en el cortísimo plazo, para responder a la emergencia, retomando su tendencia normal a la siguiente temporada. La diferencia en la situación actual es que El AH1N1, no afectó en un nivel tan grave, como ahora lo está haciendo el Covid 19, a los países emisores de turismo al Caribe Mexicano. Por lo que es previsible que será más larga la recuperación. Así como se prevén las curvas de la pandemia para México y los principales países desarrollados es prudente considerar que la temporada de verano será mínima y prepararse para una modesta temporada de invierno 2020-2021.

El Modelo mono productivo de la región anclado en el turismo, por la naturaleza de éste y las características geográficas y demográficas de Quintana Roo, presentan una situación sui generis, diferente al resto del país.

La afectación de eventos catastróficos: huracanes, 11 de septiembre, AH1N1 y ahora el Covid 19, nos recuerdan la bendición caribeña que tenemos de tener turismo todo el año, y casi olvidarnos de una característica intrínseca al turismo: la estacionalidad; y que no seamos como la mayoría de destinos vacacionales que tienen sólo una temporada al año, o en fechas puntuales, tienen los turistas suficientes. De eso destinos turísticos de temporalidades muy pronunciadas debemos de aprender lo necesario en esta coyuntura.

En el nivel macroeconómico, la resiliencia y postergación del viaje, inherentes al turismo actual, son esperanzas de normalización a mediano plazo. La afectación ya está determinada de manera exógena, el dilema sobre parar o no, ya no se presenta, como en otras regiones con economías diversificadas. Lo que corresponde es gestionar de la mejor manera el paro industrial abrupto y sus consecuencias sociales. En el plano micro, la decisión está en el nivel de cada empresa turística. Cada establecimiento debe de analizar si se está abajo del punto de cierre y actuar en consecuencia de acuerdo a su situación interna y a las medidas de excepción que aplican en una contingencia por causas de fuerza mayor. La emergencia será un desafío financiero, seguramente no contemplado en el presupuesto operativo anual, por lo que la fortaleza y gestión financiera de cada unidad de negocios se pondrá a prueba.

* Secretario Académico de la Universidad del Caribe
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El Covid 19 llego en avión

El Covid 19 llego en avión



Voces Universitarias | Por Dr. Pedro Moncada Jiménez *

El medio de transporte del Covid 19 ha desatado algunos debates clasistas sobre el tema, con diversos trasfondos; sin embargo, en un mundo globalizado, algo hay de cierto.

A nivel países, en la Fase 1: Importación viral, el virus viaja en avión; en la Fase 2: Dispersión comunitaria, viaja por vía terrestre ya sea en automóvil particular y/o transporte público; en la Fase 3: Epidémico, viaja en automóvil particular y transporte público. Al estar ya ante una pandemia global, debates en ese sentido son desgastes innecesarios, ante la situación actual. Quintana Roo, en este momento tiene una de las mayores tasas por cien mil habitantes del país. Esta alta incidencia es explicable porque se tiene el aeropuerto con mayor tráfico internacional del país (35.4%) a febrero de 2020; en Quintana Roo al cerrar la Fase I, la mayoría de casos eran de extranjeros , es decir casos importados. Esa es la razón de la inusualmente alta tasa por cien mil habitantes, indicador que disminuirá al pasar a las fases II y III. Por ello el Covid 19 llegó en avión, pero ahora viaja en auto particular y transporte público.

Los principales mercados emisores de turismo a Quintana Roo están en crisis, en aislamiento social extremo, con miles de vuelos suspendidos y muchas fronteras cerradas. Es decir el cierre de la temporada de invierno 2019-2020, que acaba en la semana santa, está perdida por la caída abrupta de la demanda y la de verano está en grave riesgo.

Sin embargo, si algo ha demostrado el turismo en la historia reciente es su resiliencia y capacidad de recuperación. En coyunturas de catástrofes y desastres de tipo: económicas, políticas, sociales o naturales siempre han operado dos fenómenos: la postergación del viaje y la sustitución de destino, este segundo no aplica en mayor medida, ya que la escala de la pandemia del Covid 19 es global y los destinos competidores están en igual o peores circunstancias y el origen está en la demanda. Así que la esperanza radica en la postergación del viaje, que permitirá una recuperación acelerada, una vez que los países emisores pasen la contingencia y sus economías se restablezcan.

* Secretario Académico de la Universidad del Caribe
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En educación, la distancia es muy relativa

En educación, la distancia es muy relativa

 


InnovACCIÓN | Por Eduardo Suárez*

Imagine que está en un salón de clases. A la vieja usanza: de manera presencial. Usted está en la primera fila de pupitres, a escasos centímetros de separación del escritorio de su docente. Si se decide, puede tocarlo.

Pone toda su atención, pero no comprende lo que la profesora explica, porque nadie le avisó que el curso es uno avanzado y usted es principiante. Entonces decide hacer preguntas para aclarar sus dudas, pero quien expone el tema de clase no se detiene para atenderlas. Su desesperación aumenta. 

Usted nunca estuvo tan cerca, físicamente, pero tan alejado psicológicamente, de su educación. Es posible estar casi tocándose y sentir una distancia insalvable.

Por otro lado, imagine que enciende su computadora, la que está conectada a internet, teclea las claves de acceso a la plataforma de aprendizaje y se conecta a su curso, impartido en un país de otro continente, España, por ejemplo. 

Lee las instrucciones de la actividad que le corresponde, las que están muy claramente redactadas e ilustradas con fotografías y diagramas. Luego, ve un video hecho por su instructor, muy bien editado, el que le explica casi todo lo que desconocía. Además, se da cuenta de que hay varias ligas a páginas web de instituciones reconocidas, las que abundan en datos, teorías y opiniones de expertos sobre el tema de la clase. 

Por si fuera poco, puede mandar un correo al instructor y recibirá contestación en menos de 24 horas, o mejor aún, decide utilizar el chat para preguntarle a un compañero algunas de las pocas dudas que le quedan y recibe la contestación de inmediato. Es posible estar muy lejos y sentirse cercanamente acompañado.

La diferencia es notable e ilustra que en educación la distancia que importa no es la física, sino la de la comunicación. En el argot teórico de la educación en línea se le llama distancia transaccional, para diferenciarla de la física. Fue formulada por Michael G. Moore, de la Universidad de Wisconsin-Madison, en EU.

La distancia transaccional sirve para tomar decisiones a la hora de diseñar un curso en línea o en modalidad mezclada, que es como serán entregadas las actividades educativas a partir de la pandemia. Por lo mismo, sirve para evaluar un curso y repararlo, si es necesario, para asegurar la cercanía humana y educativa. 

Se identifica a partir de tres factores: la estructura del curso (si es muy explícita, con formas y tiempos estrictamente determinados por el docente), el diálogo (la comunicación efectiva entre aprendiz e instructor, o entre aprendices) y la autonomía del aprendiz (su capacidad para tomar decisiones personales).

Esta dinámica se da así: a mayor estructura, habrá mayor distancia transaccional; a mayor diálogo, menor distancia; a mayor autonomía, mayor capacidad de decisión por parte del aprendiz. Estas posibilidades permitirán establecer el nivel de cercanía que un estudiante en específico necesita para un buen aprendizaje.

Como un ejemplo, ya que hay muchos casos diferentes, pongamos que usted se inscribe en un curso muy estructurado; se sentirá alejado y entonces requerirá mayor diálogo, para acercarse. Todo lo que hay que hacer es incrementar la presencia del instructor para aclarar dudas, mediante chats, foros de discusión, correos, llamadas telefónicas, etc. 

Debemos remontar pronto el prejuicio que la frase “a distancia” trae en nuestras mentes. Recordemos lo alejados que hemos estado en nuestros salones de clases y experimentemos la cercanía de un curso en línea bien diseñado e impartido.

* Maestría en Innovación y Gestión del Aprendizaje, Universidad del Caribe.

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¿Amigos en el extranjero gracias a una clase?

¿Amigos en el extranjero gracias a una clase?

 


Voces Universitarias | Por Christine McCoy*

¿Te has imaginado que una clase universitaria puede bridarte la oportunidad de conocer estudiantes universitarios en el extranjero, que después puedan convertirse en tus amigos? Una clase con modelo COIL te lo puede permitir.

Te has de preguntar ¿qué es COIL? Bueno es un sistema de aprendizaje colaborativo en línea dónde tienes la oportunidad de interactuar con estudiantes universitarios de Estados Unidos o quizás China. ¿Te lo puedes imaginar?

En la Universidad del Caribe, en cualquiera de los programas de estudio, hay maestros que ofrecen sus asignaturas con proyecto COIL y tú puedes ser parte de una aventura que más allá de aprendizaje educativo, te puede también dar la oportunidad de conocer gente de otra nación sin la necesidad de viajar.

Conocer cómo viven. Lo que representa ser un estudiante en Estados Unidos o China. Cuáles son sus costumbres y gustos y todo con la guía de tu profesor que te ayuda mediante la clase a generar un proyecto de colaboración que potencializa el conocimiento multicultural. 

El programa Collaborative Online International Learning (COIL) o Aprendizaje Colaborativo Internacional en Línea, permite que profesores de dos universidades diferentes diseñen experiencias en las que sus estudiantes participan.

Estos cursos o módulos, se caracterizan porque se pueden desarrollar en cualquier disciplina, de hecho, funcionan muy bien en asociaciones interdisciplinarias. Estas experiencias fomentan el estudio activo de los estudiantes y el trabajo en equipo a través de interacciones interculturales. De manera general, estos cursos inmersos en diferentes asignaturas tienen una duración de entre 5 y 15 semanas. 

¿Cuál es la dificultad?  Hay que atreverse a hablar inglés, pero piensa que no lo haces solo, sino con la ayuda de tu profesor. ¿Te animas?  

*Profesora-Investigadora del Depto. Economía y Negocios, Universidad del Caribe.   

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La gastronomía sostenible y el desperdicio alimentario en México

La gastronomía sostenible y el desperdicio alimentario en México

 

Voces universitarias | Por Especialista Elena Gamarra*

De acuerdo con la ONU (Organización de las Naciones Unidas) y sus objetivos estratégicos 2015- 2030, la alimentación y el cuidado del medio ambiente son temas vitales para la permanencia de la humanidad; la gastronomía sostenible, se considera un eje relevante para atacar varias de estas problemáticas: el hambre, la explotación desmedida de recursos (no racional = desperdicio) y la extinción de fauna y flora endémica.

La gastronomía sostenible, busca satisfacer las necesidades alimentarias actuales y futuras sin comprometer al medio ambiente. Es una tendencia en la actualidad que han adoptado muchos países al ver el impacto que ha generado en el planeta.

¿Cómo está el panorama en nuestro país? Según un estudio reciente del Global FoodBanking Network, en México se desperdicia el 37% de los alimentos que se producen, si lo vemos en cifras duras estamos hablando de alrededor de 20 millones de toneladas de desperdicio al año. Cada habitante, tira alrededor de 220 kilos de frutas, verduras, carnes, pescado y lácteos al año, por lo que es uno de los países de Latinoamérica con mayor índice de desperdicio.

Existe una red de 50 bancos de alimentos en todo el territorio nacional, la segunda más grande a nivel mundial; sin embargo, 7 millones de mexicanos viven en pobreza alimentaria extrema que se disminuiría considerablemente evitando el desperdicio.

Entonces, a pesar de los bancos de alimentos y los diferentes programas en cada sexenio, la cuestión es generar una cultura responsable desde lo más básico: nuestra casa y llevarlo hasta niveles más altos en la industria alimentaria concientizando poco a poco a todos los habitantes.

Desde la perspectiva de la industria de alimentos y bebidas, debido a las tendencias y estatutos gubernamentales sobre el tema, cada día nos volvemos más conscientes sobre el cuidado y manejo de los desechos. Lo importante es que reconocer como sociedad ¿cuál es nuestra aportación? Cada consumidor debe adoptar de una manera orgánica y voluntaria, la responsabilidad de contribuir para mejorar la vida de nuestra familia, comunidad, país y planeta.

Preocupados por esta problemática, del 9 al 11 de octubre de este año en la Universidad del Caribe se llevará a cabo el 13° Congreso de gastronomía “Alimentación y producción sustentable”, donde abordaremos varias perspectivas sobre la sostenibilidad y la optimización de los desechos en la industria gastronómica.

Finalmente generemos la menor cantidad de basura posible, separando nuestros desechos y optimizando nuestros alimentos: comprando menos (sólo lo que se necesite realmente), siendo versátiles en la preparación, almacenando correctamente, apoyando el comercio local en tianguis y mercados, respetando la estacionalidad de los productos y aprovechando temporadas de frutas y verduras, cada una de estas propuestas de verdad mejorará nuestra vida social, nutricional y económica.

*Profesora de Tiempo Completo, Departamento de Gastronomía, Universidad del Caribe.

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