Primeros auxilios para una educación de emergencia: individualización

 Primeros auxilios para una educación de emergencia: individualización




  InnovACCIÓN | Por Eduardo Suárez*

Ante una educación de emergencia, un manual de primeros auxilios pedagógicos resulta una necesidad inaplazable. En las escuelas debemos apoyar a nuestros socios más importantes: aquellos adultos que desde casa enfrentan el reto actual al lado de sus hijos e hijas, preocupados por su futuro. Estos adultos, que regresan a la escuela con un compromiso no exento de un callado heroísmo, no pueden enfrentar esta dificultad solos, por la sencilla razón de que nadie puede hacerlo así en estos momentos.

Tenemos una emergencia, no solo sanitaria y económica, sino además educativa. Gracias a la pandemia fue necesario implementar cambios radicales en la forma de trasmitir nuestra cultura a la siguiente generación. Ya no podremos hacerlo como siempre, cuando menos por un largo tiempo. Como no se trata de una trasformación planificada sino forzada, el sentido de urgencia nos puede dejar paralizados. La estrecha cooperación entre familias e instituciones es la clave para salir adelante. De hecho, este grave problema puede ser el punto de palanca que transforme nuestro sistema educativo.

El aprendizaje de nuestra cultura se realizaba de la manera tradicional, cara a cara. Es claro que el contacto social es una característica fundamental y que por eso nuestra educación se basa en reunirnos en un lugar común, todos al mismo tiempo. Vivimos en sociedad, aprendemos relacionándonos y la escuela es un lugar privilegiado para eso. 

Sin embargo, ya había fuertes indicios de que educar así era inoperante frente a los gustos y las necesidades de la juventud actual. Como los adultos tenemos el control, y nos formamos sin computadoras, redes sociales, inteligencia artificial, realidad virtual y aumentada, etc., creímos que estas tecnologías eran un lujo interesante y no una necesidad indispensable. Solo hacía falta preguntar a los jóvenes, y hacerles caso, pero no lo hicimos. No hay que ahogarse en el océano de las culpas; lo que sí es necesario es nadar con fuerza hacia el sitio más seguro, uno desde el cual podamos repensar nuestra educación.

¿Qué necesitan saber estos adultos para apoyar a sus hijos e hijas? Requieren reconocer, para exigir, lo que sí funciona en la educación a distancia; también, rechazar lo que no. Necesitan ayuda para evaluar la instrucción que reciben sus hijos e hijas.

Un principio fundamental de la educación a distancia es el de la individualización. Este principio se puede enunciar de la siguiente forma: es necesario tratar a cada estudiante según sus aptitudes, necesidades e intereses. Sabemos que requerimos agrupar al estudiantado por su necesidad de socialización, pero eso no significa que se debe enseñar a un grupo, en lugar de a todos y cada uno de sus integrantes, o que el centro de la atención sea el conocimiento del docente, en lugar del aprendizaje de cada estudiante. 

La recomendación para los heroicos educadores del hogar, quienes cuentan en voz alta y con los dedos para modelar una operación aritmética o parten naranjas para explicar las fracciones, es la siguiente: exija que su hijo o hija sea considerado como una persona única, completa y con todos los derechos; asegúrese de que las actividades escolares consideren no solo lo que su hijo o hija tiene en común con el resto de sus compañeros y compañeras sino además que atienda a lo que tiene de irrepetible. Si la educación a distancia no promueve libertad, creatividad, iniciativa e indagación… debe cambiarse.

* Maestría en Innovación y Gestión del Aprendizaje, Universidad del Caribe

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Conociendo Salina Norte en Isla Mujeres

Conociendo Salina Norte en Isla Mujeres

 


Voces Universitarias | Por Karla Tuz, Gonzalo López y Nicté Pareja*

Salina Norte, una pequeña laguna escondida de la vista de visitantes en Isla Mujeres, es también un humedal que provee importantes servicios ambientales y que hasta hace medio siglo producía sal, actividad económica que cesó por el crecimiento urbano y turístico, lo cual ocasionó que se les abandonara y se convirtieran en un cuerpo de agua en deterioro. Según el estudio “Diagnóstico socioambiental de la Salina Norte, Quintana Roo”  realizado por estudiantes de Ingeniería Ambiental de la Universidad del Caribe, ésta se enfrenta a la problemática de abandono y contaminación.


Se demostró que a pesar de que Salina Norte provee de servicios ambientales como refugio de especies, cultura y recreación, se enfrenta a problemas sociales y ambientales.


Entre los primeros resaltan: Desinterés por parte de los pobladores como un lugar representativo e histórico; falta de conservación y desconocimiento de su existencia por parte las nuevas generaciones de la isla. Los resultados ambientales presentan: Valores bajos de salinidad; flujo moderado o estancado de microalgas y niveles significativos de materia orgánica.


Además, se identificaron ocho especies de aves que habitan y visitan la Salina Norte, entre ellas el Pelícano Café (Pelecanus occidentalis), Especie Amenazada (A) según categoría de los listados de especies en riesgo de la NOM-059-SEMARNAT-2010. 


Para llegar a esta información se realizaron varias visitas y un estudio de calidad de agua, se midieron diferentes parámetros como la temperatura, pH, salinidad, así como identificación de microalgas. Los resultados brindan un perfil general de las condiciones ambientales de la salina, donde se observó que en la zona sureste el pH es ácido, que es precisamente cerca de la disposición de desechos, esto podría indicar que están ocurriendo reacciones químicas a causa de basura.


Por todas estas razones, Salina Norte es un ecosistema que debe ser cuidado y conservado, estos mismos problemas son herramientas de acción para su rescate: Interesar a sus pobladores a través de su representatividad e historia, conservar y dar a conocer sus cualidades a las nuevas generaciones con estrategias de educación ambiental acerca de los servicios ambientales y evitar desechos urbanos. Así se favorece la elaboración de proyectos y de actividades que se realicen de manera conjunta en la salina y se resalte su valor ecológico e histórico que motive a los pobladores a preservarla en óptimas condiciones.


* Estudiantes de Ingeniería Ambiental de la Universidad del Caribe.
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El aprendizaje pandémico más importante aprender a aprender

El aprendizaje pandémico más importante aprender a aprender

 


InnovACCIÓN | Por Eduardo Suárez*

Una breve visita a la Universidad del Caribe resultó en una importante lección. La institución estaba prácticamente vacía, a excepción de quiénes habíamos solicitado permiso para realizar alguna tarea extraordinaria como recoger algún documento, libro o equipo necesarios para continuar trabajando en casa. 

Mi primera impresión fue de cotidianidad, pero una segunda mirada reveló un cambio trascendental: no había estudiantes… ni docentes, ni auxiliares, ni técnicos de apoyo… Era claro que, paradójicamente, todo era como antes pero también que nada sería ya igual. Frente a mí se manifestaba la danza organizacional que siempre se ha dado entre continuidad y cambio educativos. Solo que ahora dejó de ser un tranquilo vals para convertirse en un rocanrol sincopado que obliga a la separación de los danzantes: el son de la disrupción educativa, marca de nuestros tiempos pandémicos.

Equilibrar continuidad y cambio presenta tres retos: cómo detectar a todos los innovadores que tienen intuiciones individuales promisorias; cómo escoger aquellos cambios verdaderamente deseables; y cómo evitar que su cantidad excesiva abrume a la organización. En cualquier escuela ya hay personas que practican nuevas formas de educar frente a la epidemia; es vital poder identificar a cada uno de estos agentes de cambio. Luego resulta indispensable evaluar sus propuestas, porque no todas son viables o escalables. Finalmente, es ineludible escoger entre ellas a las que prometen más, porque no se puede cambiar todo en un instante. 

Para equilibrar continuidad y cambio las organizaciones necesitan desarrollar una habilidad muy importante: la de aprender a aprender. Esta capacidad —según Vivienne Collinson y Tanya Fedoruk Cook—  recibe el nombre de deuteroaprendizaje (o metaaprendizaje organizacional). Se trata de las destrezas para plantear y resolver problemas, diseñar y rediseñar políticas, estrategias, estructuras y técnicas frente a la volatilidad de un ambiente disruptivo, uno que cuestiona la identidad de la institución. El coronavirus ha hecho exactamente eso: hacer que nos preguntemos en todas las escuelas si seguimos siendo las mismas personas de siempre. Las respuestas no son más que de azoro personal. Nos reconocemos solo a medias.

Para aprender a aprender —según Chris Argyris y Donald Schön, entre muchos otros autores del aprendizaje organizacional— una organización necesita: a) desarrollar sus competencias para integrar las percepciones e intuiciones individuales de sus miembros; b) ejercitarse en la indagación, en lugar de la grilla, como forma de enfrentar el conflicto; c) experimentar y arriesgarse; d) negarse a enterrar o cubrir los errores para que en lugar se esto se discutan abiertamente, sin riesgo de ridículo para nadie; e) atribuir los errores a la falta de aprendizaje, en lugar de recurrir al señalamiento culposo o, peor aún, al castigo de la descalificación y la vergüenza. Son condiciones necesarias, pero difíciles de cultivar.

Mi impresión personal, que no es generalizada, es que en las organizaciones educativas se mira más hacia afuera y arriba que hacia adentro y abajo. Esto es, estamos expectantes ante los señalamientos y redireccionamientos que provienen de las secretarías de educación, pero quizá estamos desaprovechando la riquísima experiencia propia de cada institución y de sus innovadores. Muchas soluciones ya están allí, dentro de cada institución, esperando ser sacadas a bailar en la danza educativa del cambio y la continuidad.

*Maestría en Innovación y Gestión del Aprendizaje, Universidad del Caribe

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Mercadotecnia digital en micro y pequeños negocios

Mercadotecnia digital en micro y pequeños negocios

 

Voces Universitarias | Por Angelica Sterling Zozoaga*

Alrededor del mundo y como respuesta a crisis que provocan el cierre de grandes empresas, se presenta la opción del desarrollo e impulso de los micro y pequeños negocios, los cuales juegan un papel muy importante como catalizador y engranaje que guía el desarrollo de la economía, contribuyendo de manera fundamental al progreso socioeconómico del país, a través de la generación de empleos y la distribución del ingreso.

Las micro y pequeñas empresas representan una excelente alternativa para emprendedores locales, por lo que en su mayoría son manejadas por sus dueños, quienes usualmente no tienen el capital suficiente para pagar a alguien más, por lo tanto, realizan tanto las actividades administrativas, como las operativas con el mínimo de herramientas, lo que puede limitar su capacidad de comercialización, promoción y dificultar su posicionamiento en el mercado.

A pesar de lo anterior, existen casos de éxito de micro y pequeños negocios que han permanecido en el mercado durante varios años, resistiendo a diferentes crisis económicas, sociales y de salud, como la que se vive actualmente, donde aun cuando los comercios con servicio de preparación de alimentos y bebidas estaban considerados dentro de las actividades esenciales y podían mantenerse operando, una gran cantidad de éstos no vieron una alternativa mejor que el cierre.

Los que se mantuvieron abiertos, echaron mano a diferentes estrategias para poder vender comida para llevar o con servicio a domicilio, comunicándose con clientes actuales y potenciales a través de plataformas digitales y redes sociales, logrando así continuar con sus actividades comerciales en una modalidad diferente: el negocio online.

En esta modalidad, donde cientos de negocios tuvieron que incursionar y aprender sobre la marcha, lograr tener presencia y posicionamiento a través de la creación de un concepto bien ajustado y enriquecido es imprescindible. Para ello, es necesario hacer uso de las herramientas digitales disponibles, con y sin costo, refrescando periódicamente el contenido del sitio web y de las redes sociales con videos, catálogos digitales y fotografías como parte de una estrategia integral y planificada en la que se fomente la confianza por medio de la promoción de la información acerca de la empresa, testimoniales de clientes satisfechos y comentarios que no puedan ser administrados por el propio negocio.

El conocer el potencial del mundo digital para el éxito y permanencia del negocio, desarrollando una estrategia bien dirigida, permitirá conformar una presencia en redes sociales sólida, que fomente una relación a largo plazo con los clientes, incrementando su repetitividad y fidelidad con el negocio, tanto en éste momento de crisis como en el futuro.

*Profesora investigadora de tiempo completo, Universidad del Caribe asterling@ucaribe.edu.mx

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El Covid-19 impulsa el Arte y la Cultura

El Covid-19 impulsa el Arte y la Cultura

 


Voces Universitarias | Por Emilio Reyner*

En su Misión y Objetivos, la Universidad del Caribe se compromete a la formación integral de profesionales, lo que en buena medida se logra incluyendo dentro de la experiencia universitaria el Arte y la Cultura. Suele decirse que la cultura se mama en casa, lo cual hasta cierto punto es correcto, pero los planteles de estudio de todos los niveles deberían tener el compromiso de no limitarse a sus programas académicos en la formación de sus estudiantes e ir más allá, buscando a la par que los educandos se desarrollen como personas y ciudadanos.

Desde su fundación, la Unicaribe ha buscado cumplir con esa misión, por lo que los eventos culturales han sido siempre parte del quehacer universitario. La implementación de este tipo de actividades y programas no ha sido fácil. Entre los obstáculos enfrentados, por mencionar solo dos, están: la falta de interés de la comunidad universitaria y la falta de recursos. Para hacer frente a esta situación, a finales del 2019, se implementó un proyecto llamado Portafolio Cultural, el cual nos permitió contar con un presupuesto para ampliar y diversificar nuestra oferta, con la mira de incrementar la participación de la comunidad Unicaribe. Desde nuestra perspectiva, el Portafolio Cultural nos abría la posibilidad de consolidar internamente un programa que ya tenía muy buena aceptación en la sociedad cancunense.

Tan solo no se previó el detalle que nadie esperaba: la llegada del Covid-19. No es necesario explicar cómo nos afectó. Basta decir que todos los eventos culturales dentro de la Universidad fueron cancelados. El Portafolio tal como fue visualizado originalmente plegó sus alas sin apenas haberlas desplegado. ¡Todos a sus casas! A guardar una cuarentena que hoy está por llegar a los noventa días.

 ¡¡¡Pero dicen que no hay mal que por bien no venga!!! 

Si a lo largo de la historia, al Arte & la Cultura no siempre se le ha dado la importancia que debería tener en el desarrollo humano, principalmente en la educación, la pandemia que hoy vivimos, aunque sin duda ha generado un caos en muchas áreas de la vida a nivel mundial, también innegablemente nos ha dado la oportunidad de reorganizarnos e incluir más cultura en nuestras vidas. En mi experiencia personal, durante este cambio de ritmo, descubro que, en apenas 90 días, a través de la lectura, he visitado más de 15 países y un sinnúmero de ciudades; y que, gracias al apoyo de muchas instituciones culturales, he asistido a la ópera, al teatro y al cine. Podría decir que “he dado la vuelta al mundo sin salir de casa”.

El Met de Nueva York, el National Theatre de Londres, cines, museos, exposiciones de todo el mundo abrieron sus canales de difusión para que todos tuvieran acceso gratuito a sus eventos durante esta contingencia mundial. Enganchándonos a esta oferta, y para darle seguimiento al proyecto de Portafolio Cultural, lo reconvertimos en virtual. Ello nos ha permitido entrar a los hogares de todos ustedes, enviando eventos diarios a través del correo electrónico y compartiéndolos por redes sociales. 

Así, nuestra habitual programación de los documentales del Bio Cinema, las películas del CinemArte, la ópera del Met de Nueva York, las obras de teatro del National Theatre de Londres, aderezada con las clases de Tai Chi, de yoga, de ritmo latino y de guitarra (estas últimas, por cortesía del conocido guitarrista y compositor Pancho Varona, quien toca con Joaquín Sabina), y convertidos al formato de nuestra nueva amiga, Susana Distancia, no han dejado de acompañarnos. De modo que la Universidad del Caribe está presente en la casa de todos los cancunenses y más allá, haciendo más llevadera esta visita inesperada del virus Corona.

Esperamos en breve regresar a nuestra casa de estudios para poder seguir trabajando en la difusión cultural y recibiendo a los artistas y al público en general. Retomaremos así, con nuevos bríos, ese Portafolio Cultural que el virus empezó frenando, pero acabó impulsando. 

Por el momento quédate en casa y sigue ampliando tu cultura general con el programa de la Unicaribe.

*Encargado de Difusión Cultural, Universidad del Caribe. 

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Educación de emergencia: el virus de las videoconferencias

Educación de emergencia: el virus de las videoconferencias



 InnovACCIÓN | Por Eduardo Suárez*

La educación virtual tiene una importancia trascendental, una que fue ignorada por las instituciones formativas, las que descuidaron su desarrollo al considerarla una opción interesante y nada más. Estamos pagando las consecuencias de haber perdido el tiempo al no desarrollar sistemas educativos virtuales completos, los que en este momento tendrían una ventaja singularmente significativa para nuestro país.

Parece que la trascendencia de la educación virtual es su segundo apellido: “a distancia”. Y que por eso es valiosa: necesitamos estar alejados y educados, lo que resulta un problema difícil de resolver. Todo indica, además, que se piensa que al regresar a la “nueva normalidad” regresaremos también a nuestras viejas costumbres pedagógicas, con clases presenciales y docentes expositivos. Quizá esto ya no pueda pasar. 

La verdadera importancia de la educación virtual no radica en su posibilidad de distanciar a profesoras y estudiantes. Es capital porque parte de la cultura de nuestra juventud, la generación Z, que es cien por ciento nativa digital. No es necesario decir que sus docentes no lo son. Debemos educar desde la tecnología de la época, la que usan los estudiantes todo el tiempo: sus teléfonos celulares, tabletas, pads y computadoras. 

Además, porque obliga a hacer planteamientos muy bien hechos. Para ser diseñador de actividades educativas en línea no basta con dominar el arte de enseñar; es necesario poseer una formación profesional completa. Una cosa es estar frente a un grupo en un aula y confiar en la propia cultura y experiencia, y muy otra tener que diseñar el aprendizaje que han de construir los jóvenes desde sus casas y frente a sus computadoras. En medio de una pandemia.

¿Estamos en el glorioso amanecer del e-learning? De ninguna manera. Lo que está frente a nuestros ojos, y frente a nuestros hijos, es una educación de emergencia. Su consigna es: haz lo que puedas con lo que tengas, porque nos tenemos que ir a encerrar ya. 

Esto es un grave problema, uno que requerirá intervenciones fuertes. La razón es sencilla de dilucidar: la educación de emergencia no es de la calidad necesaria y puede actuar como vacuna contra la verdadera educación virtual, la que sí se fundamenta en la aplicación de una pedagogía científica. Los estudiantes recordarán su experiencia con la educación de emergencia y se mostrarán reacios, faltos de motivación. Hay que evolucionar con rapidez para evitar esto.

¿Por qué es de baja calidad? Por su abuso de las videoconferencias. Esta tecnología es insustituible en el e-learning, pero como tarea esclava de las actividades de los aprendices. Escuchar, amodorrado y encerrado, a una cabeza parlante en un video no es una actividad significativa en sí misma. Pregúnteselo a cualquier estudiante y averigüe sus trucos para ausentarse, al desconectar su cámara y sonido, lo que lo hace invisible en la multitud de treinta o cuarenta mini videos que el instructor es incapaz de monitorear mientras perora.  

Lo que una educación virtual de calidad necesita con urgencia es el diseño de paquetes completos de instrucción: objetivos comprensibles por el aprendiz, instrucciones claras y completas de las actividades, todos los recursos necesarios (como links a páginas web o documentos en PDF), más las indicaciones que el estudiante requiere para comprender cómo lo evaluarán. Todo, para ser realizado cuando el estudiante pueda y quiera, y no cuando lo citen a mirar y escuchar una pantalla.

Debemos empezar a enderezar el rumbo del barco educativo virtual. Para que la educación no naufrague.

*Maestría en Innovación y Gestión del Aprendizaje, Universidad del Caribe


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La confianza, prioridad en la industria restaurantera de Cancún en la era del Covid 19

La confianza, prioridad en la industria restaurantera de Cancún en la era del Covid 19

 


Voces Universitarias | Por Mauro Berumen Calderón*

La industria restaurantera de Cancún y más específico, la de la afamada Zona Hotelera, ya se venía enfrentando a varios retos, por no decir peligros inminentes.  Los empresarios, por un lado, teniendo que pagar las extorsiones exigidas por parte del crimen organizado y compitiendo contra los hoteles todo incluido (all inclusive); en la otra cara, los empleados tenían su propio frente de guerra, el outsourcing (pagadoras), eso sí, los que recibían sueldo, ya que en muchos casos solo vivían de su propina. Ahora, todos tienen un enemigo en común, el Covid-19 (SRAS-CoV-2), el cual ha provocado lo impensable hace unos meses, lo que ni un huracán había hecho en la región, parar en seco la actividad turística, en resumen para la industria restaurantera, dejarlos sin clientes, y con un futuro incierto en el corto y largo plazo.


El impacto vamos a verlo reflejado en una parálisis del 70% del sector restaurantero de la ciudad, y podría asumir que en más del 95% en la Zona Hotelera; pero ¿de dónde venía esta industria? Había tenido que salir de la crisis provocada por el huracán Wilma en 2005, y como remate, cuatro años más tarde (2009), de una situación similar a la que vivimos ahora (pero no tan extrema), de la emergencia sanitaria provocada por el virus de la Influenza Estacional (AH1N1). Para salir de ambas crisis, la industria restaurantera de Cancún tardó casi diez años en recuperarse; de hecho, apenas en los últimos tres años empezaba a mostrar un crecimiento positivo después de casi siete años de estancamiento.


¿Cuál es el principal reto al que se enfrentará los próximos dos años? Generar confianza mientras no exista una vacuna, por lo que el trabajo de todos los que estamos involucrados en este sector, debe ser lograr que los comensales se sienta seguros consumiendo alimentos preparados y servidos por personas que no conocemos, de las cuales no sabemos su estado de salud ni la forma en la que prepararon lo que vamos a comer y beber; por lo tanto, la certificación de los restaurantes por parte de la Secretaría de Salud (no por Secretaría de Turismo, ni por la CANIRAC) puede ser la mayor aliada en estos momentos (como primer paso) para construir esa confianza tan necesaria, ya que será el aval de que en ese establecimiento el personal está capacitado y sigue protocolos de un alto nivel de seguridad en salud, ahora la confianza lo es todo para la mayoría de los turistas (especialmente los extranjeros).


  Lo peor que puede suceder ahora, es una mala noticia sobre algún contagio de alguien que consumió en un restaurante, no solo afectará la imagen del sector, sino de la ciudad como destino turístico, por lo que no debemos destruir desde el principio, lo que nos va a costar rescatar en los siguientes cinco, o quizá, diez años.


*Profesor-Investigador del Depto. Turismo Sustentable, Gastronomía y Hotelería, Unicaribe. 

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Covid educativo: cambiar o cambiar

Covid educativo: cambiar o cambiar

 INNOVacción | Por Eduardo Suárez*

Nuestra situación actual es inédita. Por primera vez en mucho tiempo, la humanidad se siente unida, y el lazo que nos ha juntado es una gruesa trenza, hecha de miedo y anhelo. Es necesario reflexionar a fondo para no dejar pasar este momento crítico: la esperanza debe imperar y ganar la batalla. Sobre todo, en educación.

Ahora las reuniones de los docentes son a distancia, desde sus casas, por medio de plataformas como Zoom, Skype o Meet. El aprendizaje de esta forma de comunicación ha sido monumental: las videoconferencias aumentaron de manera exponencial, igual que el contagio del virus. Las clases, si es que pueden seguir llamándose así, también son a distancia. Los resultados no son buenos, ni podría esperarse que lo fueran. Basta leer el New York Times, en su sección educativa, para percatarse de la preocupación en todo el planeta para recuperar el año educativo perdido: el 2020.

En la premura de la toma de decisiones podemos observar la desesperación. En primer lugar, la recomendación de llevar las clases virtuales por la vía de la videoconferencia, que no solo satura el ancho de banda, sino que además reproduce el peor vicio expositivo de la educación tradicional: un adulto que perora a una pequeña multitud de jóvenes aletargados que no pueden hacer otra cosa que escuchar, si es que lo logran, por las dificultades de la transmisión de imagen y sonido. En segundo, la programación escolar exprés de actividades en línea con grupos enormes, para aminorar el contacto presencial frente a la falta de salones e infraestructura, como si la tecnología tuviera como fin masificar la instrucción para no tener que construir salones. Errores gravísimos, que habrá que reparar.

Las preguntas esenciales en este campo son: ¿qué fue lo que pasó, por qué la contingencia sanitaria agarró tan desprevenido a un sector que enseña sobre tecnología educativa desde hace décadas?, y ¿qué hacer para mantener la actividad formativa actual, frente a las enormes restricciones de aulas y salones exigidas por el coronavirus?

La primera pregunta es un acertijo, que nos deja perplejos. En educación se sabe desde hace muchísimo que el aprendizaje y la instrucción no tienen opción y deben fundamentarse en la tecnología de la época. La nuestra es la de las computadoras. ¿Qué fue, entonces, lo que sucedió? Pues que es muy diferente enseñar algo al estudiantado que suponer que la organización educativa misma lo sabe. En una clase de universidad se puede aprender acerca de derechos humanos y en esa misma institución es posible observar cómo se violentan. En todas las universidades del mundo se dan clases de creatividad, lo que contrasta frecuentemente con la falta de creatividad de la institución que imparte esa clase. Dicho con claridad: las instituciones educativas sufren mucho para aprender. La solución, urgente, consiste en implementar procesos de indagación y aprendizaje organizacionales. Profundos y efectivos, con respeto y aprecio por la diferencia de opiniones.

El segundo cuestionamiento es de una urgencia atroz. Es necesario resolver el problema que ha explotado frente a nuestras caras, la actividad educativa en curso. Pero también hay que cambiar el rumbo, para adaptarse. ¿Hacia dónde hay que dirigirse ahora? Son tres las direcciones a las que debemos apuntar: 1) enriquecer con tecnología toda la actividad presencial en las aulas, mucho más allá del uso de proyectores para presentaciones, 2) comenzar a mezclar la entrega en algunos cursos, con actividad presencial y virtual, lo que liberaría algunos salones, y 3) disponer de cursos virtuales sello, avalados por la institución, los que deben desarrollarse como modelos vivos de lo que los demás docentes deben y pueden hacer por su cuenta. Todo esto afectaría la memoria organizacional de manera positiva y proporcionaría la motivación necesaria para afrontar el reto con éxito.

No está nada difícil la decisión en el campo educativo: o se cambia… o se cambia.


*Maestría en Innovación y Gestión del Aprendizaje, Universidad del Caribe (https://innovaccionaprendizajeyconocimiento.blogspot.com/)

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Covid organizacional, ¿cambiar o conservar?

Covid organizacional, ¿cambiar o conservar?

 


InnovACCIÓN | Por Eduardo Suárez*

A todos lados donde miro hay cambios, fuertísimos cambios: En un condominio, la reunión de su comité de vigilancia discute las acciones necesarias para el bienestar de todos los residentes, pero lo hacen de pie, en un sitio público, guardando dos metros de distancia y con tapabocas de por medio. En un supermercado, la clientela hace fila afuera del local, de manera ordenada y distanciada, con tapabocas, esperando que le tomen la temperatura con un instrumento láser y así poder entrar a realizar sus compras. La universidad local está vacía y cerrada, mientras lleva a cabo una febril actividad en línea para evitar perder el semestre, situación que llena de ansiedad a no pocos docentes y estudiantes.

Las dudas se agolpan en nuestras mentes y, por qué ser tímidos y no reconocerlo, también en nuestros corazones. Cuando las fases más peligrosas de la pandemia hayan pasado, ¿debemos seguir trabajando en oficinas abarrotadas de personas, ambiente proclive al contagio? ¿Es buena idea seguir escalonando los días de trabajo en casa? ¿El trato con los clientes debe seguir siendo físicamente personal? ¿Cómo debemos afrontar una realidad en la que el cambio disruptivo es la única presencia estable?

En medio de la epidemia, lo más importante es la innovación, porque ya nada será igual. Y la única manera de que ésta no sea un accidente feliz, un encontronazo con la suerte, es que las organizaciones aprendan a generarla. ¿Qué es lo que deben aprender? A detectar lo que el coronavirus ha dejado impracticable y a corregir todo lo que no abone a la nueva realidad del cambio disruptivo.

Se trata de un asunto de sostenibilidad, concepto que involucra el dinámico juego del cambio y la continuidad. ¿Cómo persistir, sin arriesgar la salud de la población y de la fuerza de trabajo? Una organización que siga haciendo, irreflexivamente, lo mismo que en el pasado… no tendrá futuro. Y una que cambie por cambiar, que no conserve su misión esencial y lo mejor de su tradición y memoria, perderá la brújula de su experiencia y se extraviará en un presente pletórico de lo nuevo e inútil.

¿Qué es lo que debe cambiar? La respuesta es clara: la capacidad de la organización para aprender debe fortalecerse al máximo; es la única manera de enfrentar a la irrupción con la herramienta adecuada, la innovación sostenida. ¿Qué es lo que debe conservarse? El compromiso con la misión esencial de la organización, el buen ambiente de trabajo y la preocupación por cuidar al máximo la salud y seguridad de todos y todas.

Dos problemas nos deben mantener muy alertas. Por un lado, dilucidar la forma de capitalizar en cambios efectivos las intuiciones de los miembros de la organización acerca de cómo trabajar y vivir en tiempos de pandemia, y por el otro, evitar el cinismo y la cerrazón derivados de una retahíla agobiante de cambios sin ton ni son, producto de una visión poco científica y humanista del problema.

De manera muy específica, esto es lo que debemos esperar: el trabajo y el estudio virtual desde casa, la toma de decisiones a distancia por parte de los clientes y la aparición frecuente de cambios disruptivos. Todo esto llegó para quedarse. Será de manera poco uniforme, a tiros y tirones, pero esto será nuestra realidad inmediata. De hecho, ya lo es, pero está madurando.

Reuniones de condóminos por Zoom, idas virtuales al súper, profesores y profesoras diseñando lecciones por Google Classroom… nada de esto es futurología ni ciencia ficción. Es simplemente el presente, el que podríamos llamar, con cierto romántico optimismo, como la innovación en tiempos del coronavirus.

*Maestría en Innovación y Gestión del Aprendizaje, Universidad del Caribe (https://innovaccionaprendizajeyconocimiento.blogspot.com/)

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El COVID-19 también nos empujó al aprendizaje virtual

El COVID-19 también nos empujó al aprendizaje virtual

 


Voces Universitarias | Por Lorena Hernández von Wobeser*

Despierto en la mañana, me tomo un café y tras un rápido desayuno que preparo a mis hijos,  toco la campana para indicar que la escuela empieza. Ahora yo soy la maestra y el aprendizaje sucede en casa.  Dejo en la mesa un material “gancho” que atraiga a mis hijos a acercarse: una pelota de unicel y una nota que habla de cómo Plutón, el “planeta enano”, vuelve a considerarse nuestro noveno planeta; o su block de dibujo, con La Mona Lisa calcada para que la dibujen con acuarelas. Después, los deberes: cuaderno de español, cuaderno de inglés, regletas de matemáticas, planas. ¿Y cómo logro que hagan todo eso? Con la promesa de una hora en el celular a las 12:00 horas. 

La contingencia sanitaria del COVID-19 es un fenómeno “parte aguas” que tocó vivir a toda esta generación.  El 14 de marzo y  con la directiva de Secretaría de Educación Pública se solicitó a las escuelas de todos los niveles educativos “ampliar dos semanas su periodo vacacional”; aunque realmente la directiva no era adelantar vacaciones, sino continuar con el trabajo académico desde casa. 

Este “bomberazo”, sumado a otros bomberazos tales como comprar papel de baño y gel antibacterial,  implicó para muchos maestros (y padres de familia) tener que migrar rápidamente del aprendizaje presencial al aprendizaje virtual. Para algunos maestros y padres con escasa o nula experiencia en plataformas y herramientas educativas virtuales, esto ha sido un enorme reto. Sin embargo, es impresionante como ante la presión de la urgencia, la meta se está logrando incluso para personas que son resistentes a la tecnología. 

En mi caso, soy profesora de la Universidad del Caribe, amante de las tecnologías educativas... pero el reto para mí ha sido fungir en un doble rol de maestra (maestra de mis alumnos de universidad y maestra de prescolar de mis hijos de 3 y 5 años). Abundan en las redes sociales (por lo menos en el de las mamás) memes y chistes de este doble rol  de mamá maestra y mujer profesionista, que en el encierro y a ratos, parece difícil de lograr.  

Sin duda, un espacio al día  que he conseguido ganar para atender a mis alumnos de la universidad mientras mis hijos-ahora también alumnos- brincotean por la casa, ha sido el uso efectivo de una hora al día de mi celular. En esta nota, me gustaría recomendar algunas innovaciones para fomentar el aprendizaje para distintos niveles educativos. 

Teach Monster: es una aplicación gratuita para la enseñanza de la fonética y lectura para principiantes en inglés. Ideal para niños entre 5-6 años. Aunque también muy buena opción para niños o incluso adultos que empiezan a aprender el idioma inglés y sus sonidos. A diferencia de otras aplicaciones que se utilizan para el aprendizaje de idiomas, esta aplicación es realmente lúdica. Cuando la usa mi hijo, realmente siente que está en un videojuego en lugar de estar aprendiendo. Excelente para aprender una adecuada pronunciación del inglés. 

Band: la escuela de Danza de mis hijos está utilizando esta plataforma para migrar sus clases presenciales de danza a clases virtuales. Lo han logrado de una manera estupenda manteniendo unida a su comunidad. Band pertenece al mundo de las redes sociales y es exclusiva para el uso de los smartphones. Uno de sus puntos fuertes es compartir contenido multimedia e interactuar con dichos contenidos. La probé con un grupo de estudiantes de universidad y aunque apenas se están involucrando con ella, permite subir contenido multimedia así como aplicar encuestas de una forma bastante interactiva. 

Zoom: hoy en día se considera como líder en las video-comunicaciones con una plataforma en la nube que es confiable, fácil de usar y gratuito para sesiones de menos de 45 minutos.  Esta app permite tener reuniones virtuales con video y voz de más de dos personas simultáneamente. Es decir ¡se puede impartir clase virtual! Además de poder tener en la pantalla un mosaico con todos los participantes de la conversación la plataforma tiene diversas “monadas” como poder levantar la mano, prender o apagar micrófonos, compartir un pantalla (por ejemplo para escribir) o hasta cambiar nuestro fondo como efecto pantalla verde. Así es que como profesor, podrás poner un fondo del puente de San Francisco para que no se vea la cocina tirada en el fondo. 

That Quiz: esta plataforma está especializada en matemáticas principalmente. Permite hacer ejercicios de matemáticas para todos los niveles educativos (desde preescolar hasta nivel universitario). No es necesario registrar la cuenta. Solamente ingresa a That quiz.org, elige qué tipo de ejercicios quieres realizar (aritmética, fracciones, geometría, etc.), elige la complejidad de las preguntas, voltea tu celular y listo! MI hijo de 5 años lo usa para hacer sumas, restas, comparar cantidades, usar medidas de regla, el reloj e incluso ya aprendió a hacer diagramas de Venn!. Pero ojo, igual de útil para practicar ejercicios para los estudiantes de ingeniería. 

Smile and Learn: esta también es una excelente aplicación para niños de preescolar y primaria. Se puede configurar para más de un niño y muchos de sus contenidos son gratuitos.  El menú inicial despliega rubros como Ciencia, Contenido Espacial, Lógica, Literacidad, Emociones y Arte. Encontramos ejercicios de Tangram, Construcciones tipo rompecabezas de edificios importantes, o una galería para aprender y dibujar cuadros de pintores clásicos, impresionistas y artistas abstractos. También hay una enorme variedad de cuentos y breves videos educativos. En mi caso, lo descargué en inglés y además es una fuente de práctica para el idioma. 

Si eres maestro y después de esta experiencia del COVID-19 te das cuenta que necesitas actualizarte en innovaciones para fomentar el aprendizaje, no dudes acercarte a la 4ta generación de la Maestría en Innovación y Gestión del Aprendizaje en la Universidad del Caribe que, si la contingencia sanitaria lo permite, dará inicio en agosto de este año. 

*Coordinadora de la Maestría en Innovación y Gestión del Aprendizaje 


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